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lunes, 15 de junio de 2015

The Voice Of Lyrics Nº 37: Una experiencia en el Mas Allá

Hace un año, alguien muy importante tanto en mi vida como en la de muchas otras personas allegadas a mí pasó a otro lugar mejor. Un lugar donde al fin se acabarían años de achaques, hospitalizaciones y sufrimientos. Un lugar donde por fin podría encontrar la paz que en vida nunca tuvo. Un lugar que ella se ganó durante su estancia con nosotros en éste plano de la realidad. Hablo, como no, del paraíso, el cielo o como sea que se le llame ahora. A pesar de que la llevo siempre en mi memoria y notaré su ausencia de por vida en mi pecho, no he sido capaz de rendirle un homenaje como ella y sólo ella merece. Hoy esa injusticia llega a su fin. Sólo me gustaría que ella pudiese leer éstas líneas que le dedico con todo el amor del mundo y con un salado sabor a lágrimas en mi paladar.

Ninita, si puedes leer esto: Te queremos. Te echamos de menos. Espero que, allá donde estés, puedas vernos. Todo nos va bien, tiramos como podemos gracias al apoyo y el amor incondicional que siempre nos diste. Ésta historia está inspirada por y escrita para ti. Espero que puedas leerla en un sitio bien cómodo. Es lo menos que te mereces por ser un ángel en la Tierra.

Querido Diario:

Ha pasado mucho tiempo desde que tuve aquella experiencia onírica, por llamarla de alguna forma, tan atípica. Sabes que he estado evitando contárselo a nadie porque me tomarían como un pobre desquiciado que necesita de un achuchón o simplemente lo tomarían como una irrelevante anécdota que no merece pasar más allá de eso. Tampoco te lo he contado a ti porque no me creía capaz de compartir tal vivencia sin deshacerme en las más amargas lágrimas o sin cuestionarme mi ya de por sí dañada salud mental. Sin embargo, éste silencio me está corroyendo como el más cáustico de los ácidos, por lo que toca sincerarme contigo. Al menos no me tomarás por loco, no me juzgarás al igual que lo hace el resto de la sociedad. Simplemente, como buen amigo inorgánico que eres, escucharás lo que tengo que decir y serás ese apoyo que el ser humano ha olvidado que debe ser en ésta era en la que los intereses mueven el mundo. ¿Verdad que sí? Muchas gracias. De verdad que lo necesito.

Una noche como otra cualquiera me acosté en mi vieja cama. No era una persona que fuese especialmente soñadora y por lo general no les solía prestar atención. De hecho, mis sueños no los veo vívidos y lúcidos como los ven otros. Más bien es como si me los descargara desde internet directo a mi cerebro y se guardara en una especie de directorio provisional… Bueno, equis. El caso es que me dormí relativamente temprano ese día. Sin embargo, me pareció despertar al segundo después. Estaba todo mucho más brillante que cuando cerré los ojos. De hecho, me encontraba en una especie de sala blanca completamente vacía. No tenía esquinas, ni paredes, ni techo… Era un absoluto vacío que me hizo dudar si levantarme o no, por miedo a caer. Palpé el suelo con el pie. Era sólido, pero no tenía temperatura alguna. Me puse en pie y empecé a caminar con los brazos extendidos por miedo a que me chocara con alguna suerte de pared invisible. Después de un rato, los bajé al ver que no había obstáculo alguno. Entonces pensé: “¿Qué clase de lugar es éste? ¿Qué hago aquí? ¿Cómo he llegado hasta aquí?”. Esas incógnitas siguen siendo a día de hoy un misterio para mí. Tras ver que no iba a resolver nada comiéndome la cabeza estando parado en un solo punto, empecé a hacerlo mientras caminé en línea recta. Así al menos evitaría preguntarme acerca de mi situación hasta puntos en los que la cordura corriese un grave peligro de perderse entre cuestiones que escapaban a mi relativamente pequeña comprensión.

            No sé cuánto tiempo estuve caminando, pensando en cómo era posible un sitio como ése o si no era una más que un simple constructo de mi enajenada mente hasta que encontré una casa en medio de la nada blanca. No era nada del otro mundo, pero tenía algo que me era familiar. De hecho, me era demasiado conocida. Traté de exprimir mi mente al máximo, pero parecía que mis recuerdos se hubiesen puesto de acuerdo para impedirme cualquier tipo de acceso a ésa memoria en concreto. Me dirigí hacia ella en aras de satisfacer mi arrolladora y a ratos inquietante curiosidad. Abrí la valla de hierro negra, subí los tres escalones que separaban la puerta del suelo y toqué el timbre. Abrió una mujer bajita, de joven apariencia y blancos ropajes. Me miró con una cara de rebosante alegría y exclamó:
­–¡Ooooh!

En ése momento estaba completamente seguro de que no sólo conocía a esa mujer y la casa en la que parecía habitar, sino que eran, de alguna manera, una parte fundamental que resultaba inherente a mi ser. Su voz, su mirada, su postura… A pesar de mi fuerte convicción, no conseguí llegar por mi cuenta a la respuesta que buscaba. No sé cuánto me quedé pensando para mis adentros, pero fue el tiempo suficiente como para que la mujer dijese:

–¡Ay, mi niño! Es que tú nunca me conociste así –exclamó, con una inocente risilla–. Quizás si tomo ésta forma…

No había terminado de decir la frase cuando empezó a transformarse en una persona mucho más anciana. Parecía más bajita por el hecho de estar encorvada, su anteriormente tersa piel se convertía en un tapiz castigado por el paso del tiempo y su pelo no era siquiera una sombra de lo que antes fue. Sin embargo, nada me importó ese cambio porque el misterio que me carcomía fue resuelto de inmediato. Mi cara se descompuso al ver que aquella mujer y aquella casa que parecían formar parte de mí eran algo tan evidente y tan simple…

– ¡Abuela! –exclamé, mientras corría a abrazarla.

No hacía demasiado tiempo que mi querida abuela había fallecido. Habían sido ochenta largos años de vida y veinte de ellos, si no más, los pasó entre cientos de medicamentos y continuos ingresos en el hospital. Aún recuerdo la extraña sensación de desconcierto controlado que me indujo mi madre al despertarme de mi sueño, cosa que no hacía desde que cursaba la ESO, para decirme “Tu abuela se murió”. Mis preocupaciones inmediatas fueron para con mi abuelo, quien había perdido a la persona que había estado con él en las buenas y en las malas durante toda su vida. Yo sabía que pasaría algún día, pero seguía siendo un tema totalmente escabroso para mí. No quise soltar a mi abuela, pues no sabía si alguna vez volvería a abrazarla. Me dio completamente igual que todo pudiese ser parte de mi destrozada imaginación.

Mi abuela me invitó a pasar con una sonrisa. Recordaba ahora con intensa claridad esa casa. El pasillo donde estábamos ahora era el recibidor, pequeño y angosto, que conectaba con el garaje a mano derecha, las escaleras para ir a la azotea más adelante y el salón en línea recta. Fui a sacarme el móvil del bolsillo para dejarlo en el pequeño tocador de madera cuando me di cuenta de que no tenía absolutamente nada en los bolsillos. Me reí para mis adentros y pisé el salón. Todo estaba como yo lo recordaba salvo algunas excepciones: las estanterías llenas de fotos de los nietos, juegos de mesa y golosinas al fondo a mano izquierda, el sillón donde normalmente había un mueble con el teléfono fijo encima… Solo que ahora no había teléfono alguno. A mano derecha otro sillón y, al lado, un mueble donde anteriormente estaba la televisión. Ahora había un remarcable vacío allí que no pasaría inadvertido ni al hombre más discapacitado del mundo. Aunque me parecía algo atípico, me pareció un detalle insignificante frente al hecho de que mi querida abuela estaba conmigo de nuevo y en aquella casa en la que viví tantos maravillosos recuerdos. “Siéntate”, me dijo mientras señalaba al sempiterno sofá. Yo hice caso y me senté en el centro, lugar en el que siempre me había sentado en mis incontables visitas del pasado. Mi abuela trajo de la cocina, que se encontraba justo al lado del sofá, unos bocadillos de picadillo con queso plato derretido y unos cola-caos
.
– ¡Pero abuela! ¡No tenías que haberte molestado, ya no estás para éstos trotes!

–Tranquilo, ya tengo la vitalidad suficiente para cuidar de mi nieto –declaró mientras me plantaba un beso en la mejilla y dejaba la bandeja con la merienda frente a nosotros.

Una extraña emoción me paralizó y provocó que una solitaria lágrima resbalase por mi pómulo derecho. Mientras, mi abuela se sentó a mi lado izquierdo, como siempre había hecho. Cogió su bocadillo y, antes de morderlo, me preguntó:

–¿Qué tal va todo?

–Bien, bien.

–Vamos, ha pasado mucho tiempo. Seguro que hay novedades que no me has contado. ¿Qué tal te va con tu novia?

Sé que ella no debía culpa, pero esa pregunta me dolió un poco. Ya tú sabes por qué y sería superfluo que te lo volviese a contar. Me limité a contestar a su pregunta con un:

–No tengo novia, abuela, ya lo sabes.

–Bueno, ya verás que alguna cae –dijo, con una sonrisa socarrona.

– ¿Y qué hay de ti? Creí que habías…

– ¿Muerto? –interrumpió ella con una sonrisa– Pues sí, se supone que me morí…

– ¿Y cómo es que puedo verte? ¿Cómo es que estoy aquí contigo?

–No lo sé. Cuando se me fue la vida, aparecí en éste sitio.

– ¿Esto es el cielo, entonces? –pregunté sorprendido mientras bebía un sorbo de aquél delicioso manjar achocolatado.

–Supongo, chiquillo –dijo con ése tono tan característico suyo que echaba de menos.

– ¿Eso quiere decir que yo me morí? –volví a preguntar.

–Estás con tu pijama y aún sigues siendo un choleta como diría tu abuelo, así que no lo creo.

–Y si esto es el cielo y no estoy muerto… ¿Cómo es que estoy aquí?

– Supongo que estaba pensando en ti, y apareciste –contestó ella con pinta de que estaba igual de segura que yo de las leyes de éste desconcertante y por momentos pacífico lugar.

– ¿Así, como el que le pide un deseo al genio de la lámpara?

–Supongo que sí. He pensado en otras muchas personas, pero eres la primera que aparece por aquí sin estar muerta.

Empecé a pensar y a intentar encontrarle un sentido a la situación. Estábamos en el cielo, un lugar que no se rige por las leyes físicas de nuestro mundo. Seguramente es un lugar que funciona mediante los pensamientos de los que allí habitaban, pues con ellos cambiaban de forma, generaban lo que querían... Pero no había más presencia que la nuestra y, desde luego, ningún dios todopoderoso que gobierne sobre él. ¿Es éste sitio real? ¿Es posible siquiera la existencia de un lugar así? Fuera cual fuera la respuesta, estaba empezando a dejar de importarme. Tenía a mi abuela de vuelta y eso era todo lo que importaba.

–Bueno, abuela… Ahora que estás aquí, tengo que disculparme.

– ¿Por qué, mi niño? – dijo, asombrada.

–Porque te descuidé, no fui a verles a ti y a abuelo todo lo que quería y ahora…

– ¿Ahora qué?

–Ahora estás muerta –contesté, bajando la mirada al suelo avergonzado. Era la primera vez en mi vida que sentía algo así.

–Mírame a los ojos –dijo, mientras me cogía de las manos. Hice lo que pidió–. ¿Cuántos años tienes ya?

–Dieciocho, casi diecinueve.

–Eres joven, estás empezando a construir tu vida. Tienes amistades y responsabilidades que mantener. Ya eres todo un hombre, cariño. Agradezco que de cuando en cuando encontrases un poco de tiempo y vinieses a pasar una tarde con nosotros, pero no tienes por qué sentirte culpable.

–Ni siquiera sabía que te habían hospitalizado antes de que murieras… –dije, mientras una ácida lágrima corría por mi mejilla izquierda.

–No tenías por qué saberlo. Como te digo, ya tienes una vida propia y, aunque duela, uno tiene que saber cuándo los polluelos salen del nido –declaró, besándome la frente.

–Me dijeron que te fuiste bastante contenta, ¿es verdad?

–Sí, mi niño, es verdad.

– ¿Por qué? Pensé que la muerte era algo que se recibía con amargura y dolor.

–No hacía mucho tiempo desde tu última visita. Sacaste tiempo para venir a vernos a pesar de que estás estudiando y que llevas años sin hablarte con tu padre. Tu abuelo y yo nos sentimos muy solos durante el día a día, no tenemos nadie más con quien hablar… –me dijo ella, agarrándome la mano– Y tú nos acompañaste aunque fueran unas horas, pusiste algo de sabor en una vida que estaba volviéndose muy sosa para nuestro gusto. Por eso afirmé muy sinceramente que estaba feliz por haberte visto…

Mi corazón no podía soportarlo más. Mis lágrimas empezaron a caer y a caer. Mi abuela me abrazó, en silencio. Las palabras no eran necesarias en un momento como ése, pues el mutismo que reinaba en el ambiente era lo suficientemente conocido para ella y lo suficientemente claro para mí. Al rato me sentí más ligero, como si me estuviese desvaneciendo en el aire. Mis ropas se tornaban blancas, al igual que las de mi abuela. Ella pareció darse cuenta, pues me soltó y contempló mi cara de estupefacción con una expresión que en aquél momento no entendí, pero que ahora sé que era tristeza. Todo empezaba a desaparecer a mi alrededor: los muebles, los cuadros, las paredes. Mi abuela se levantó y empezaba a marcharse. Recuerdo intentar seguirla, preguntarle a donde iba, sin obtener ninguna respuesta. Cuanto más le seguía, más lejos estaba. En determinado momento tropecé y caí al suelo. Cuando levanté la vista, se había dado la vuelta para mirarme. Mientras volvía a hacerse joven de nuevo, me pareció ver que estaba llorando.

–No me dejes… –alcancé a decir con un hilo de voz.

Me sentí desvanecer por completo, perdí el conocimiento. Cuando desperté, volvía a estar en mi cama. No estoy seguro de qué hora era, pero la habitación parecía ser mucho más oscura que cuando me dormí. Al comprender que jamás volvería a verla, fui presa de mi vieja amiga, la ira. Uno, dos, tres duros cabezazos se llevó mi pared. Me dolía, tenía sangre corriendo por mi frente, quizás podría haberme hecho una fractura grave, pero me daba absolutamente igual. No sentía nada, no quería saber nada más. Sólo quería volver a ese maravilloso lugar, de abandonar éste lugar corrompido por mis semejantes. Sabía que no podría hacerlo de nuevo en mucho tiempo, y eso me enfurecía. No quería saber nada más de la sociedad, de la vida. Quería estar de nuevo con mi abuela. No sé si lo que viví fue real, si eso era el cielo o alguna especie de plano astral más allá del pensamiento humano. No me importaba en absoluto, Diario. Sólo quería estar de nuevo con ella y no volver a separarme de su lado.

A día de hoy, he llegado a la conclusión de que aquél sitio (“El Cielo”, por llamarlo de alguna forma que resulte familiar) es un sitio al que van aquellas personas que lo merecen y que allí obtienen todo lo que desean. Mi abuela deseó verme y allí aparecí, pero el lugar terminó echándome por no ser digno.  Ella sabía que aquello no duraría siempre, pero imagino que no sabía que me echarían tan pronto. No quiso decirme nada porque probablemente todo habría escapado de mi limitada comprensión humana y tenía razón, todo esto es completamente imposible para mí.

Ahora que te lo he contado, siento que puedo seguir adelante con mi vida. Gracias, Diario, por ser mejor que la absoluta mayoría de seres humanos que pueblan éste planeta.


Abuela, sé que leerás esto. Sea cual sea ése lugar donde estuvimos juntos, quiero que sepas que me alegro de que estés ahí. Te lo mereces por haber sido una buena abuela y mucho mejor persona. Desde el fondo de mi corazón, sólo puedo decir que te quiero y que ahora sé que volveremos a vernos. Ese día te llevaré un bonito regalo, ya verás. Hazme hueco a tu lado, en el centro del sillón. No volverás a estar sola ni un minuto más.

domingo, 3 de mayo de 2015

The Voice Of Lyrics Nº 36: Versos grises

Nadie sabe lo que la vida quiere
cuando sus designios otorga.
Entonces, ¿por qué, me maldigo,
me presenta a un ángel, tú?

Nunca conocí alma alguna
como la que en tí se aloja.
¿Por qué, me pregunto furioso,
no te conocí en otro tiempo?

Es la primera vez en mi vida
que siento algo tan bonito.
¿Por qué, digo con profundo pesar,
el destino se ríe en mi cara?

Lágrimas de honda tristeza
recorren mi maltrecho corazón.
Cuando la fe se restaura, otro
problema viene para desafiarla.

En cada lugar que paseo sólo,
en cada cómic que me sumerge,
en cada rincón de éste mundo...
Siempre estás tú, siempre tu sombra.

Olvidar es para debiluchos.
El olvido es una simple farsa
para enmascarar la realidad.
Los sentimientos siempre persisten.

No mereces que mi subconsciente
intente deshacerse de tu ser.
No mereces ser una víctima
de mi baúl de juguetes rotos.

Por tí movería toda montaña,
nadaría cinco océanos.
Saltaría cualquier barrera...
Mataría si fuese necesario.

Pero nada puedo hacer ahora.
Sólo sentar, esperar, contemplar.
La impotencia no se convertirá
en mi credo ni en mi rutina.

Así, pues, tragándome el dolor,
remendándome las heridas
y secándome sangrientos llantos,
Sigo caminando entre zarzas.

De entre todos los muros con
los que he chocado de últimas,
eres el más bello jamás hecho.

Se me acaban las palabras.
Mi tiempo llega a su fin...

Sólo te pido que no me olvides.

sábado, 2 de mayo de 2015

The Voice Of Lyrics Nº 35: Libélula

Amor. ¿Es acaso tan importante el con quién lo compartamos? ¿Acaso es de la incumbencia de alguno lo que dos o más personas hagan dentro de una habitación cerrada, una casa abandonada o en medio de un bosque?  ¿Y por qué tienen que ser personas de distintos sexos? Los sentimientos no entienden de género, credo, raza, religión o cualquier otra etiqueta artificial creada por el hombre.

Ahora mismo, dos buenos amigos míos están uniéndose en lo que creo que es el acto más bonito y placentero que dos individuos pueden hacer juntos y de mutuo acuerdo.  Y siendo sinceros, me dan una envidia considerable. ¿Soy mala persona por ello? No creo, pues me estoy alegrando por esas dos maravillosas personas y no hago nada para impedirlo. El problema está cuando la persona que envidia quiere que todos nos rijamos bajo sus mismas normas. Normas impuestas por una secta mafiosa y una sociedad sin mente ni alma que oprimen a los que son felices bajo el subliminal lema de "Si nosotros no podemos ser felices, tú tampoco".

Ojalá pudiera yo tener algo así con la persona a la que quiero. La verdad, ahora me gustaría poder acariciar su pelo, sentir su piel junto a la mía, su cálido aliento... Pero no puedo tenerlo. No obstante, me siento feliz. Porque la gente a la que quiero es feliz disfrutando de sí mismas y de aquellos con los que quieren. Me da igual que les guste la carne, el pescado o las hamburguesas de falafel, sólo quier su felicidad. ¿Es tan difícil alegrarse por los demás? No, a no ser que la represión y el dogma te lo impidan. Y ni ellos ni yo estamos atrapados por ninguna. Lástima de aquellos que sí lo están...

Rizados cabellos, suave piel, ojos marrones.
Mi arcángel, mi musa, mi diosa.

Libélula...

domingo, 1 de febrero de 2015

The Voice Of Lyrics Nº 34: La vida venció al amor

El atardecer caía sosegadamente sobre aquél apacible barrio. Bajo el áureo manto de rayos solares que lo cubría, un joven caminaba por las calles buscando el consuelo de la soledad y el aire fresco que sólo un paseo vespertino sabía darle. Éstos días, más que nunca, lo necesita al igual que un pez necesita del agua para vivir. Necesita desahogarse, sacar de su cándido y sufrido corazón lo que con la palabra hablada jamás podrá. Y es por ello que necesita salir a la calle, para ver a los niños jugar en el parque y a las ancianas hablar de cómo cocinar croquetas. Para ver a los señores paseando a sus perros con un periódico debajo del brazo. En definitiva, para ver cómo fluye la vida. Vida que a él le falta desde hace mucho, mucho tiempo. Tras ver suficiente, se marchó a su casa tan sosegadamente como salió de la misma.

Pasó la llave por la puerta, la abrió y, dando un pequeño empujoncito, la cerró. Se dirigió a su cuarto, donde estaban su escritorio y su cama. Se sentó frente al primero, sacó una libreta y un discreto bolígrafo azul. Ni corto ni perezoso, empezó a mover el esferográfico encima del papel rayado como si éste le estuviese proporcionando las más sensuales caricias. Tras hora y media de intensa escritura y continua fricción del utensilio sobre la hoja, se podía leer lo siguiente:

Para la princesa de mis sueños:

Decir que te amo es poco. Es más, el verbo "amar" se queda en total vergüenza ante lo que siento por tí. Sin embargo, ¡ah, cruel destino!, es otro quien posee tu corazón. Si hay un dios mirándonos desde los más celestes cielos, ¿por qué es tan cruel como para ponerme delante el envoltorio de semejante bombón,  si ya hay otro que ya se lo ha comido? Entiendo que la vida sea así de cruel y arbitraria, ¿pero era acaso necesario que me hiciera ésta jugarreta precisamente contigo? Tú, la persona más sensible, amable y dulce que jamás he conocido. Tú, la prueba de que aún hay gente como yo, gente por cuyas venas corre el arte, ya sea dibujado, pintado o escrito. ¿Por qué?, le pregunto a todos los dioses habidos y por haber. ¿Por qué?, me pregunto a mí.

Me enamoraron tus rizados cabellos, tus profundos y cautivadores ojos del color del más dulce chocolate, los hoyuelos que se forman en tu cara cuando sonríes... Me enamoró tu madurez, tu total ausencia de prejuicios, tu creatividad a la hora de dibujar y diseñar... Es pensar en tí y perder el aliento. Mi destrozado corazón se regocija en sentimientos que jamás serán correspondidos. Mi desasosegada mente trata de no pensar en tí, pues sabe que éso sólo le traerá mayor malestar. Mi perpetua condena es la de observarte desde la distancia, ocultar mis sentimientos, morderme la lengua. Porque aunque lo intente con todas mis fuerzas, no quiero dejar de mirarte. Y lo peor de todo, no puedo.Además, no soy capaz de confesarte mis sentimientos. Carezco de la valentía y la habilidad necesarias para ello. Maldigo a mi suerte y me maldigo a mí mismo, pues bien sabe Dios que las pocas veces que lo he intentado ha salido de pena. Y he tenido demasiadas pérdidas por el camino, no quisiera perderte a ti también.

A pesar de todo ésto, me alegra que estés ahí. Me alegra que no huyas de mí, que me trates de verdad como un amigo y no como a un compañero más o, peor, a un compañero molesto. Me alegro de tu presencia a pesar de no poder tenerte. Huelga decir que con tu amor sería el hombre más feliz vivo. Envidio a tu novio más que a nadie en este planeta, espero que te esté haciendo muy dichosa.

Con éstas líneas me despido de tí, mi amor platónico. Nos veremos en clase.


Atentamente,

Tu escritor sin musa

Contempló el folio varias veces, lo arrancó de la libreta y lo dobló. Antes de guardar el bolígrafo, escribió en letras grandes en uno de las dobleces PARA LA PRINCESA DE MIS SUEÑOS. Luego, abrió un cajón que estaba lleno de papeles doblados con la misma inscripción y lo arrojó dentro. Pensó, con rabia, cómo era incapaz de destruir todas esas cartas y, peor aún, cómo era incapaz de entregárselas a ella. Miró de nuevo al cajón durante diez tensos segundos y lo cerró. Se echó en la cama y se tapó completamente. Cerró los ojos y se dejó llevar en los brazos de Morfeo. Una vez más, la vida venció al amor.

viernes, 30 de enero de 2015

The Voice Of Lyrics Nº 33: "¡BANG!"

La lluvia cae de manera fuerte y contínua como si el planeta estuviese dándose una relajante ducha matutina. Tan fuerte es, que no se oye nada más allá del repicar del agua contra la tierra y no se ve nada más allá de lo que se tiene justo enfrente. En el cementerio, hoy, cubierta por éste diluvio cuasi-bíblico, se encuentra una mujer arrodillada frente a una lápida marmórea con un ángel grabado en relieve. En tiempos pretéritos fue una bella dama que había robado el corazón de no pocos hombres, pero las malas decisiones, la erosión lenta pero continua del tiempo y los golpes bajos que da la vida le habían envejecido severamente el rostro. Hoy, contempla frente a sí el último revés que la vida le había proporcionado, ése que finalmente destrozó el ya poco aguante que en algún tiempo tuvo. "¿Por qué?", se pregunta. "¿Por qué tuviste que llevártelo, Señor?".

Su mente se adentra en los recuerdos que le llevaron hasta éste punto de desesperación. Recuerda a un hombre armado -ese miserable hijo de puta- que les sorprendió mientras caminaban por una zona no muy concurrida de la ciudad. "¡Deme todo lo que lleva encima o disparo!", gritó el individuo con la intención de provocar el miedo en ambos, mujer y niño. Recuerda cómo el niño se asustó. "Mamá, ¿ese señor nos va a hacer daño?", preguntó con su vocecilla infantil cargada de terror. "Tranquilo, amor mío, no nos pasará nada", mintió su madre lo mejor que pudo. Recuerda cómo, mientras buscaba en el bolso, el hombre le apuraba a hacerlo más rápido. "¡¡Dáte prisa!!", gritó el atracador impaciente. Inocentemente, el niño intentó ayudar a su madre a hacer lo que aquél señor de pinta amenazante demandaba, pegando un saltito para intentar alcanzar el bolso. Craso error.

El hombre se puso nervioso. Su mano se tensó, apretando el gatillo. "¡BANG!". El mundo, de repente, se congeló. El niño yacía en el suelo, dejando un gran charco de sangre. El disparo le había destrozado la sien derecha, dejandole un gran boquete por el que se podía aún ver su cerebro sanguinolento y palpitante. Antes de que todo se volviera negro para ella, recuerda ver aquella horrible escena y sentir primero sorpresa, luego tristeza y, por último, una indescriptible furia. Cuando volvió en sí, tenía en sus doloridas manos un gran bloque de cemento ensangrentado en las manos. Se atrevió a mirar hacia abajo. Lo que vio podría ser perfectamente la pesadilla de una persona que perdió su cordura hace mucho, mucho tiempo. Lo que antes era una cabeza humana ahora era un puré de piel, trozos de hueso aplastado y sesos espachurrados. Conforme más miraba cómo ese cráneo arrollado supuraba sangre y trozos sanguinolentos de cerebro, más aumentaban sus náuseas . Se las apañó para soltar el bloque y levantarse del suelo. Incluso visto desde arriba, con todo el cuerpo completo, la escena era totalmente dantesca. Mientras se alejaba, llamó a la policía con la cara cubierta de lágrimas para denunciar la desaparición de su hijo.

Volvió a la realidad. Volvió a oír el repiquetear de la lluvia. Volvió a ver la lápida con el ángel donde estaba su hijo. No sólo había perdido a quien fuera su única esperanza en su ya perdido destino, sino que había asesinado a un hombre presa de la rabia más instintiva y animal. No se recuperaría jamás de éste último golpe. Toda su vida había sido un constante sufrimiento, y ésta era la gota que colmó el vaso. No se veía capaz de soportarlo más.

Abrió el bolso. Sacó una pistola. "¡BANG!"

La lluvia cae de manera fuerte y contínua como si el planeta estuviese dándose una relajante ducha matutina. Tan fuerte es, que no se oye nada más allá del repicar del agua contra la tierra y no se ve nada más allá de lo que se tiene justo enfrente. En el cementerio, hoy, nadie escuchó cómo una madre soltera que había perdido a su hijo se volaba la cabeza.

lunes, 26 de enero de 2015

The Voice Of Lyrics Nº 32: ¿Ceguera o clarividencia?

Hubo un tiempo ya pretérito en el que, cuando veía tu cara, veía todo. Ese todo me llenaba, me daba la vida, me hacía feliz. Tu sonrisa, compuesta de unos labios pequeños pero extrañamente carnosos y atractivos y una dentadura recta, blanca y brillante, suponía un inequívoco síntoma de que todo iba bien entre nosotros. No importaba nada más, nuestras diferencias, nuestras chocantes ideas, nuestros estilos de vida. Todo iba bien, porque había amor. No obstante, llegó el día en el que, al preocuparme por tí, me insultaste, me vilipendiaste y quisiste humillarme como jamás haría una persona que de verdad quiere a otra. Entonces no volví a ver tu cara, pues representaba para mí odio, inmadurez e irrespetuosidad. Desde entonces, no volví a ver tu dulce sonrisa, pues pasó de significar mi felicidad a significar mi ira. Ira por la hipocresía que cargaba. Ira por representar lo poco que teníamos en realidad en común y que destruiste en cuestión de minutos. Ira... Porque mi mundo contigo ya no era posible.

Necesitaba tiempo. Tiempo que tú nunca entendiste que necesitara pero que de verdad me hacía falta. Tiempo que tú dijiste pasarlo mal y tiempo con el que finalmente decidiste romper nuestra relación (Aunque yo en un momento de furia dijese que ya habíamos roto, pero fue eso, furia. Luego acordamos que nos daríamos un tiempo, pero siempre fuiste de memoria selectiva). Intenté ser tu amigo, pero no quisiste. Siempre decías que te agobiaba, que no te dejaba respirar, mientras que cuando me fui dijiste que no querías que te dejase sola. Decidiste que, finalmente, saliese de tu vida. que te "dejase en paz", que te dejara vivir. Y eso hice. Empecé a volar solo, a rehacer mi vida, sin ese alma que hacía de mi mundo un lugar no tan frío. Y lo conseguí. Tiré hacia adelante, haciendo de tu ausencia primero un daño colateral, luego un suceso eventual y, por último, un cambio a mejor. Volví a vivir, a ser persona... Hasta que llegó el día.

Navidades, ésas fechas que están hechas para disfrutar de la compañía de los seres queridos pero que, en realidad, están hechas para comprar regalos y así llenar las arcas del capitalismo más salvaje y consumista. Por casualidades de la vida, te recordé. Intentaste contactar conmigo, pero entonces creí que era una mala idea. Luego contacté yo contigo y lo confirmé: nada ha cambiado, todo sigue igual. Sigues siendo la misma niña que no sabe lo que quiere. Sigues siendo la misma niña que dice A pero siente B. Sigues siendo la misma niña que dice estar primero agobiada y luego se preocupa. Ingenuo fui al desenterrar el baúl de los recuerdos. Pues bien, yo no voy a molestarme más. Si algún día maduras y quieres solucionar ésto como las personas, debes ser TÚ quien se mueva, pues yo ya me he jugado bastante.

Sólo hay una cosa diferente a antaño: Antes, al ver tu cara, veía todo. Luego, veía odio, inmadurez e irrespetuosidad. Ahora, sin embargo, no soy capaz de ver nada en absoluto. ¿Me he quedado ciego finalmente y es por eso que ya no veo nada en tí o, por el contrario, he salido de la caverna de Platón y al poder ver por fín, no veo nada en tí porque precisamente no hay nada?

Espero que me demuestres algún día que o me equivoco o que estoy en lo cierto... Pero espero que me lo demuestres.

lunes, 22 de diciembre de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 31: Preguntas en el aire

Hoy, no sé por qué, me siento nervioso y, además, angustiado. Puede que sea el hecho de que finalmente salí un día que iba a estar dedicado completamente a mi descanso personal tras varios días locos fuera de mi casa. Puede que sea porque he confirmado uno de mis mayores temores que creí que no eran ciertos durante el resto de éste año, y es que he perdido un par de facultades y habilidades importantes que antes tenía más que entrenadas. Puede que sea porque no me siento del todo feliz en la carrera que me encuentro ahora estudiando y quisiera poder pasar más tiempo leyendo y escribiendo para así poder sacar el guionista de cómics que llevo dentro. Las dudas me rodean y hoy me hacen sentir inseguro, impotente, pequeño. ¿Alguna vez he llegado a ser la persona que creo ser, o todo ha sido una simple mascarada de mi subconsciente? ¿Soy una persona que puede aportar algo nuevo, algo más al mundo o soy sólo una maldita hormiga más? ¿Es normal que, de buenas a primera, me entre una crisis así? No tengo ni idea, y por eso hoy quiero escribirle al mundo, en busca del consuelo que me ha ofrecido la escritura desde que tengo uso de razón. En serio, no sé qué haría sin ella.

19 años. 19 navidades de las que he sido testigo, ya sea activo o pasivo. ¿Es cierto acaso eso de que tiempos pretéritos siempre fueron mejores? Yo diría que no y me atrevería a afirmar que en éstas navidades soy mejor persona de la que lo fui en el 2013, pero no estoy seguro. Cuando era pequeño, esperaba éstas fechas con nerviosismo, ilusión y cariño, pues podía ver reunida a toda mi familia, tanto materna como paterna, durante éstas fechas. Ahora, sin embargo, y quitando el fallecimiento de mi abuela que tuvo lugar éste mismo año (Ninita, desde aquí te mando un grandísimo abrazo), las familias están distintas, más  cambiadas, diferentes... Y rotas en algunos casos. ¿De verdad ha cambiado todo durante estos años, o simplemente estoy viendo las cosas como siempre fueron? ¿Es el hecho de crecer y madurar lo que hace que el mundo se vuelva más sucio y oscuro? Además, creo que me estoy atontando, embotando, como si mi inteligencia, antaño grande, estuviera siendo moldeada y recortada por terceras manos. ¿Es el sistema, con su método de manipulación de masas mediante el martilleo constante y el agotamiento de la psique humana, o soy yo que, al pasar de los años, me insensibilizo con respecto a los problemas del mundo y, por tanto, pierdo el interés por ellos? ¿Está mi potencial siendo desperdiciado o es que nunca lo tuve? Otra cosa que bien puede preocuparme es el amor. No se equivoquen, no me preocupa la falta de él, sino que, cuando de verdad me fijo en alguien, no sé qué hacer, y parece que todo lo que hago sale mal. De hecho, siempre he sido una persona que ha fallado en que no ha sabido actuar y que o se pasa o se queda corta. Ahora que estoy empezando a descubrir a una persona que me llama mucho la atención. ¿La cagaré si se lo digo? ¿Influirá el hecho de que tiene novio? ¿Tengo siquiera alguna posibilidad? Si el mundo me está mandando señales, que las diga más claro, pues no tengo ni puta idea de qué mierda está diciéndome.

Bueno, lo que quiero decir con toda ésta marabunta de preguntas y dudas internas escritas ahí es que Forelli aquí presente necesita reflexionar. Intentar buscar un camino para dirigir su vida y no para que se la dirijan. Intentar perfeccionar esas habilidades que ahora se me dan bien y volver a reforzar aquellas que han mermado por su desuso. Tomar las cosas con más calma e ir poco a poco. Sencilla y llanamente, tengo que volver a poner las cosas en su sitio, y espero que en 2015, con 20 años de existencia, pueda llevar un poco mejor éste caos autodestructivo que es la vida.

viernes, 12 de diciembre de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 30: Que le den al puto Carpe Diem

Hoy quiero escribir... Quiero, pero me siento incapaz, por algún motivo. Me he escapado de clase con dolor de cabeza y sensación de estrés. Por algún motivo empezaba a sentirme mal, solo, agobiado, cómo si estuviese encerrado en una caja que poco a poco se hacía más pequeña y me aprisionaba en una suerte de ataúd digno de los mejores relatos de emparedamiento de Edgar Allan Poe. Necesitaba salir y respirar el aire que, aunque viciado y lleno de toda la oscuridad y antipatía que puede cargar el ambiente en una pequeña ciudad como Las Palmas, necesitaba y ansiaba tanto mi cuerpo. Ya sentado en la plaza, quiero escribir... Quiero, pero no puedo.

Mi creatividad llora en una esquina, herida, desconsolada, destrozada. Desde que empecé a estudiar la carrera, lleva siendo apaleada día a día por la rutina, el sistema y el transporte. Intento estar un ratito con ella en cuánto puedo, visitarla, cuidarla para que no se sienta sola y se recupere, pero es imposible cuando tengo que estar concentrado en otras cosas obligatoriamente... Me parte el alma como un camión parte los huesos de una rata cuando la aplasta, pero... ¿Puedo hacer algo? Espero poder hacerlo, pero no sé... 

No obstante, creo que no todo se debe a factores externos. Mi obsesión con hacer las historias perfectas, bien atadas, cerradas y sujetas hacen que me coma mucho la cabeza, incumplendo con el pilar más esencial para la escritura creativa: Pasarlo bien y disfrutar mientras creas esos mundos, personajes, historias... La verdad es que sí, el estar ocupado cuenta, pero yo también debería aprender a parar un poco el pie, detenerme, relajarme y disfrutar del momento. Que le den por culo al puto Carpe Diem, la vida no puede ser vivida si vas corriendo por ella como una loca que cree que puede volar por ponerse una compresa con alas. Hay que ir tranquilito, dejar que todo fluya y procurar ser mejor persona cada día. Y la verdad es que debería recordarlo y llevarlo a cabo, aunque el sistema haga todo lo que está en su pútrida, corrupta y quebradiza mano para impedirlo.

En definitiva, que aquí sentado, rodeado de la relativa paz que me puede ofrecer el centro de una capital metropolitana, miro apesadumbrado hacia alrededor y sigo mi camino de vuelta a la Universidad, ese sitio responsable del deplorable estado de salud de mi creatividad. Hijos míos, espero terminarlos algún día. Con alguno que otro he avanzado, pero en general los tengo abandonadillos. Tengan paciencia.

Pues eso, que le den al puto Carpe Diem de la polla. Y de paso, a Bécquer. Sí, me meto con él por la puta cara, pero lo odio. No más que a Rob Liefeld, pero casi. Que le den y mucho.

jueves, 23 de octubre de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 29: Carta a Dios (O a quien coño sea)

A cualquier ser supremo, ente galáctico o fuerza sideral que rija el universo (en caso de que existas):

Soy un ser humano de los miles de millones que habitan este planeta. Te escribo desde Gran Canaria, una isla perteneciente al archipiélago canario, uno de los más explotados, colonizados e infravalorados del primer mundo. No estoy seguro de que existas. Por tanto, si estás leyendo ésto, es porque existes. Si no, tampoco se pierde nada. Al menos me paso un buen rato filosofando y escribiendo, actividades que me gozo bastante en solitario y muchísimo más si practico ambas al mismo tiempo. Aclarado ésto, empiezo la carta.

Muchas veces tengo dudas sobre tí. Una de ellas es, como ya habrás podido ver, si existes o no. Los Homo Sapiens se han estado matando entre ellos durante mucho tiempo (e incluso a día de hoy siguen haciéndolo) por si existes o no y de parte de qué gente estás. Las opiniones al respecto están bastante divididas: Unos dicen que existes y te llamas Dios, o Jesucristo, o Yavé, o Alá. Otros dicen que no existes pero en realidad lo que hacen es tratarte como a un concepto y no como a un ser (por cierto, te llaman Ciencia). No voy a marearte con los matices y variaciones que hay de uno u otro bando porque no tengo tiempo para eso y no creo que sea totalmente necesario para expresar lo que quiero en ésta carta que, si existes, supongo que estarás leyendo por un casual. La cuestión es la siguiente: Soy demasiado grande y retorcido para creer en unos estafadores sin escrúpulos que matan, roban y violan en tu nombre desde hace milenios, pero también pienso que éste mundo está lleno de posibilidades y que todo es posible, por muy descabellado que pueda parecer. Por tanto no se puede decir que crea en tí (o ustedes, pues pueden ser más de uno), pero tampoco que no lo haga. Es así, por tanto, que mucha gente puede llamarme agnóstico, aunque yo personalmente no me hago llamar tal cosa. Simplemente pienso que es absurdo que la gente se mate en guerras sin sentido por algo de lo que no están seguros siquiera.

Deja que te haga una pregunta: Si de verdad existes... ¿Por qué dejas que pasen ésas cosas? ¿Por qué dejas que manchen tu nombre y tu legado por un puñado de dólares? No sé yo, pero si nos creaste, supongo que tienes que tener algo de sentimiento paternal. Una vez escuché una interesante teoría que se supone que responde a lo que te estoy preguntando: decía que Dios nos dejaba que cometiéramos fallos para que nosotros mismos aprendiéramos de ellos, como un padre que deja que su hijo se pegue de hostias con el Skate para que así aprenda a montarlo. Eso está bien cuando sabes que el niño es listo y aprenderá solo, pero no cuando el niño es tan retrasado que se está matando a sí mismo cada vez que intenta subirse al Sancheski. La cosa es... ¿No crees que ya es hora de, más que sea, mostrarte para acabar con todos esos problemas? ¿O es que acaso disfrutas con el dolor, la guerra y el sufrimiento? O peor aún, ¿no te importa un carajo lo que hagan tus creaciones? La verdad, yo preferiría creer que no eres tan capullo, pues decepcionarías a mucha gente. A mí ya ves, me la viene a traer un poco al pairo, pero gente que de verdad cree en tí empezaría a hacer cosas malas como matar a una persona, descuartizarla y violar lo que quede del cadaver. Quizás a tí te dé igual, pero a los que vivimos aquí abajo nos supondría una molestia bien gorda.

Si bien no puedo estar seguro de tu existencia, lo estoy al cien por cien de que no creo en ninguna Iglesia. Al menos, en ninguna donde los principios originales de respeto al prójimo han sido violadas hasta el punto de convertirse en xenofobia, homofobia y demás eufemismos que usamos aquí para referirnos a los ignorantes que no son capaces de respetar para ser respetados. No puedo apoyar a una supuesta agrupación espiritual sin ánimo de lucro que posea tantas riquezas y que no sea capaz de donar nada mientras le va diciendo a los creyentes que han de ser solidarios con los que menos tienen. Y como sé perfectamente que una figura puede malinterpretarse sin que el autor de la misma tenga culpa alguna (véase el Übermensch de Nietzsche y la posterior interpretación que hicieron los nazis para justificar su odio a todo aquél que no fuera de la raza aria), creo que puede existir un dios y puedo, a su vez, pasar olímpicamente de sus "supuestos" representantes. Es por eso que no me he cegado como han hecho muchos de los ateos a "no creer" y menos bajo el pretexto de que la Iglesia hace tal cosa o piensan de X forma, porque los ateos tambien pueden hacer eso sin estar sujetos a ningún credo o dogma religioso.

A lo que quiero llegar es a lo siguiente: Es posible que existas al igual que existe el ser humano, el águila calva o Sardina. Es posible, también, que no existas al igual que un policía hippie o la unidad de España. Si no hay pruebas físicas de tu existencia más que tu aparición en libros y películas al igual que con Superman o Sinestro, es muy lógico deducir que eres un personaje ficticio. Sin embargo, éste mundo ha probado ser bastante caprichoso y dado a las sorpresas. Por ello pienso que no hay que dar absolutamente nada por descartado, pero tampoco hacernos ilusiones. Aunque, pensándolo un poco, si yo fuera un Dios y veo que mi creación ha ido tan mal, intentaría hacer algo al respecto, pero bueno... No todos somos iguales, e imagino que tú serás distinto a mí. Sólo espero que, si lees esto, sepas que hay gente que se está muriendo por tu culpa y que alguien que permite eso durante tanto tiempo se merece todo el sudor que proviene de mis cojones.

Un saludo,

Marco Antonio Di Forelli

domingo, 12 de octubre de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 28: Reflexionando sobre la muerte de un ser querido

Creo que todos hemos meditado sobre éste tema, al menos, una vez en la vida. La mayoría vivimos nuestro día a día sin que nos pase siquiera el tema por la cabeza hasta que, por algún giro de esos que suelen pegar los acontecimientos, una persona cercana a nosotros llega hasta el final de ese duro y escabroso camino que es la vida y nos deja para siempre. Y yo no soy para nada una excepción, y necesito sacar de mi fuero interno los sentimientos que ésta situación en mí provoca. Y como soy un tío bastante extraño y me encuentro solo en éstos momentos, lo haré como mejor sé: Escribiendo.

Hace casi medio año perdí a una persona muy importante. Una persona a la que siempre quise, quiero y querré con toda la fuerza de mi ser. Una persona a la que no veía mucho en los últimos años, pero que siempre me recibió entre sus brazos con todo el amor del mundo y que me dedicaba un amor que me hacía pensar que, de alguna manera, las buenas personas seguían existiendo en el mundo. La noticia, recibida a través de los labios de mi madre mientras yo dormía una mañana de Mayo, sacudió todo mi ser como una descarga eléctrica. Lo primero que se pasó por mi cabeza fue la soledad que a partir de entonces embargaría a su pareja. Tantos años de vida juntos, experiencias y vivencias que llegan a un desgraciado fin. Es lógico que quien note más su ausencia sea la persona que más cerca estaba de ella. El simple hecho de pensarlo me hace sentir como una auténtica mierda. La tristeza del asunto me supera y provoca que una persona como yo, que siempre parece estar fría y distante en ciertos momentos, sienta una pena terrible.

Siempre quedará en mi su recuerdo, su bondad, su alegría y las enseñanzas que me otorgó. Sin embargo, me apena saber que no podré verle más. Debe ser que he llegado a un punto donde, a pesar de mis despistes y defectos, soy más consciente que nunca del mundo que me rodea y siento que uno de los pilares que me hacían creer en el mundo ha desaparecido. Sin embargo, ella nunca habría querido que me rindiese y sé de buena fe que estaba bastante orgulloso de mí. Sobre todo, me enorgullece bastante saber que, antes de morir, estuviese contenta porque me había visto hacía poco y se sentía orgullosa de mí. No puedo fallarle a una persona que siempre tuvo tanta fe en mí... No puedo. Mi forma de ser me impide que le haga semejante feo a su memoria. Y no lo haré, pase lo que pase. Creo que siempre debe quedar en nosotros lo que esa persona ha aportado a nuestras vidas, honrando así su memoria.

Es más, ahora pienso en todas aquellas veces que quise quitarme la vida y pienso la gran tontería que habría sido. Causar tanto dolor y sufrimiento en las personas que quiero por simple egoísmo y gilipollez de uno... Sólo un monstruo desalmado y sin escrúpulos sería capaz de cometer semejante barbaridad, y ése no es mi caso. Siempre hay que creer en uno mismo o, si no, nada funcionará.

Espero que, en caso de que exista una vida después de la muerte, se encuentre en el mejor de los paraísos y que sepa que tanto yo como el resto de la familia no le olvidamos.

Abuela, no tengo más que buenas palabras para tí. Muchas gracias por haber pasado por mi vida y espero volver a verte algún día.

Ahora tengo que seguir adelante y no rendirme nunca, tal y como tú me habrías aconsejado...

miércoles, 24 de septiembre de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 27: Diario de un joven adulto

Michael se bajó de la guagua, pasó la tarjeta por el lector para que le validaran el viaje y empezó a caminar hacia su casa. Algo que es, en apariencia y en realidad, parte de su rutina de estudiante universitario.  Sin embargo, por casualidades del azar, recordó que, siendo más pequeño, tenía un diario. No sabe del todo por qué, pero está acostumbrado a que las cosas le vengan a la mente de esa forma: espontáneas, sin explicación lógica alguna. Su mente siempre fue un hervidero de ideas que solo necesitaba un pequeño empujón para sacarlas a flote. Hoy, por un capricho del devenir, pensó que quizás sería bueno volver a coger un boli y una libreta para apuntar que es lo que ha pasado recientemente en su vida y tener una vía por la que expresar las ideas, inquietudes y emociones que le pasan por el coco. Tras afirmar mentalmente que volvería a coger un diario, siguió hacia su casa sin más distracciones.

Tras abrir la puerta de su casa, quitarse la camisa y secarse el sudor, se sentó frente a su mesa, abrió una vieja libreta que por allí tenía guardada y comenzó a escribir:

¡Hey, viejo amigo!

Creo que hace bastante tiempo que no nos vemos. Por no se qué azares de la vida, dejé de escribirte hace bastantes años y hoy me acordé de tí. Espero que no estés molesta conmigo, pues no fue algo malintencionado. Es más, hoy te pondré al corriente de todo lo que te has perdido y te contaré lo que me ronda por la cabeza.

Te haré un pequeño resumen: Creo que la última vez que te escribí era un pingajo de menos de 13 o 14 años y empezaba la ESO. Pues bien, por aquél entonces las cosas empezaban a irme medianamente bien hasta que me enamoré de la que fuera mi mejor amiga. No ahondaré en el tema ahora mismo, pero sólo puedo decir que fueron dos años de continua tortura y sufrimiento por parte de una persona con la que estaba totalmente equivocada y que me sumió en un profundo hoyo de tristeza, depresión y vacío. Gracias a mi madre y unos buenos amigos de verdad pude salir de todo eso y cambiar radicalmente mi personalidad de niño a semiadulto. Tras un tiempo lleno de paz y amistad en el que pude dar a luz infinidad de buenos proyectos, conocí a una chica que vivía bastante lejos. Sin meternos mucho por ahora en éstos páramos, he de decir que salimos y rompimos a los 11 meses. La relación no era para nada sana y me estaba ganando bastantes problemas con algunos amigos. Cabe destacar que, a pesar de que en ciertos momentos lo pasé mal, no fue tan grave gracias a todo lo que aprendí de mi anterior fracaso.

Tras todo ésto (y tras un hecho que me abrió bastante los ojos) llegó un momento en el que me di cuenta de que era necesario seguir adelante con una diabólica sonrisa y sin tenerle miedo a nada. A tanto llega ésto que mi último patinazo amoroso no me haya dolido realmente. De hecho, aunque me costó enterarme porque soy bastante tímido y me llevó un tiempo darme cuenta, no estoy triste. De hecho, estoy contento porque es la experiencia más sana que he tenido en el amor en toda mi vida. ¿De qué se trata? De un clásico que se suele decir mucho que le pasa a las tías con los hombres perfectos pero que nunca había oído que haya pasado al revés. La chica que me gustaba, cuando se dio cuenta ya de ello, me dijo que era lesbiana.

Y bueno, eso no quita para que me parezca una bellísima persona y quiera conocerla más, pero es una experiencia nueva para mí, a la vez que extraña. ¿Por qué? Pues por el hecho de que nunca pensé de que me pasaría algo así, pero bueno... A mí nunca me pasan cosas comunes, eso lo has sabido tú siempre. En realidad, a nadie le pasan cosas comunes, pero hay algunos con una suerte más rara que otros.

En resumen, que sé que aún soy un pingajo y me falta por vivir bastante, pero creo que ya puedo decir que tengo más madurez que muchas de las malas compañías que han pasado por mi vida, y eso ya es bastante. En fin, colega diario, espero volver a hablar contigo pronto y que te hayas gozado éste reencuentro, porque yo lo necesitaba. ¡Nos veremos pronto!

Entonces, cuando ya llevaba dos horas de escritura ininterrumpida (el chico es bastante lento para escribir) y redactó las últimas líneas, cerró la libreta y la dejó encima de su mesa. Se echó en la cama y cerró los ojos. Mañana amanecerá un nuevo día.

jueves, 21 de agosto de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 25: Desidia

Desirée tiene ya 23 años. Parece que sólo haya pasado una quinta parte de ese tiempo, pero lo cierto es que ya era una mujer hecha y derecha. A punto de terminar su carrera en la Universidad de Granada y con unas perspectivas laborales bastante favorables, cualquiera podría envidiar su suerte. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y, por tanto, nuestra protagonista tiene más de un asunto que por dentro le está desgarrando cada vez más y más, haciendo de su aparentemente idílica vida un verdadero infierno.

La relación en casa de sus padres es totalmente insoportable. A decir verdad, la pareja se divorció hace ya dos años, pero decidieron seguir viviendo en el mismo techo a raíz de la crisis que asola el país y los exorbitados precios de las viviendas. A pesar de lo conveniente que es la medida, lo cierto es que fue una malísima idea. Todos los días transcurren mediante insultos, malas caras y gritos, haciendo de ese pequeño piso un criadero de energías negativas con la suficiente fuerza como para cabrear a la Madre Teresa de Calcuta. Además, añadamos que Desirée no posee verdaderos amigos, sólo colegas con los que salir algún que otro día de fiesta. Los ratos libres se los pasa en su casa, intentando estudiar mientras las trifulcas se suceden una detrás de otra, lo que afecta seriamente a sus notas. Sin embargo, hace un año encontró en la Universidad el refugio y la compañía de un chico llamado Tobías, procedente de una familia de granjeros de Torrevieja. Al principio todo fue bastante bonito, sacado de un cuento de princesas. Al cabo de tres meses, empezaron a salir como pareja. Todo fue, aún si cabe, más precioso. Hasta que, al quinto mes, empezaron los problemas: Le molestaba que Desirée hablase con otros chicos, que se maquillase, que saliera de fiesta sin él... Hasta que en el octavo mes empezó a pegarle y a insultarle si se atrevía aunque fuese a preguntar el por qué de su mal humor. Varias veces ha querido denunciarle, pero se ha arrepentido al final con la esperanza de que Tobías recapacitase y dejara de hacer esas cosas.

Aunque ahora sabe que su novio es un maltratador, no puede decirle nada a sus padres, pues se pasan todo el tiempo echándose en cara errores del pasado y chillándose mutuamente, pasando de la niña. No puede denunciar a la policía, pues su padre están bastante bien posicionados y podrían desplumarla al mínimo intento de queja legal al respecto. Al no tener amigos, se queda totalmente sola en una casa inhabitable y con un novio al que, si ella no acude cuando llama, va en su búsqueda y se la lleva arrastrando del brazo hasta su casa para luego pegarle y obligarle a tener sexo. Durante todo ese tiempo, se acordó mucho de Octavio, su primer y único novio hasta la llegada de Tobías. Un muchacho un año mayor que ella y que, si bien tenía sus defectos y estaba bastante lejos de ella, siempre le quiso y trató como a una mujer y no como a un objeto, cosa que ella nunca llegó a hacer del todo. Le mareaba la cabeza con sus indecisiones, le hacía sentirse mal a menudo... Incluso le insultó fuertemente, lo que provocó la ruptura de la pareja tras un tedioso tiempo de adaptación y pensamiento. Con él perdió la virginidad, aprendió bastantes cosas sobre la vida (aunque, por lo visto, no las suficientes) y vio más lejos de lo que nunca pudo ni podrá mirar. Un muchacho que sólo tenía buenas intenciones para ella, y ella jugó con él como si fuese su marioneta particular hasta el final de todo.

Un día, tras recibir la mayor paliza de su vida, con los dos ojos morados, la nariz rota, y un diente partido, por no hablar ya del estado de su cuerpo, buscó desesperadamente el número de Octavio en su vieja agenda de números y marcó su móvil. Llamó una vez, pero no lo cogieron. Llamó otra, pero obtuvo el mismo resultado. Tras llamar una tercera vez, respondió una voz muy distinta a la que ella recordaba:

-¿Sí? - Parecía la voz de un niño que no pasaba de los 10 ó 12 años. Desirée se extrañó de ésto, pero siguió con hablando.

-Buenas tardes - Dijo ella, con una voz queda y deformada, en parte por la paliza y en parte para que nadie le escuchase-, ¿quién eres?

-No, tú llamaste, ¿quién eres tú?

-Perdone mi falta de educación. Me llamo Desirée Santana y quisiera saber si Octavio podía ponerse al teléfono.

De repente, se hizo el silencio. Por el auricular se oían extraños ruidos, como si alguien estuviese tirando y rompiendo cosas. Después, se interrumpió ese sonido y comenzó abruptamente a oírse un fuerte llanto. Tras el retumbar de unos fuertes pasos, una voz femenina con pinta de no poder con su alma gritó:

-¡¿QUIÉN COÑO ERES?! ¡¿QUÉ HACES MOLESTANDO OTRA VEZ A MI FAMILIA?! ¡¿NO TUVISTE SUFICIENTE LA ÚLTIMA VEZ?!

-Yo sólo quería saber si estaba Octavio Salinas...

-¡¡NO ESTÁ AQUÍ, ZORRA MALCRIADA!!

-¿Puedo saber dónde está?

-¡¡AH, QUE ENCIMA ESTÁS CON CACHONDEÍTO!! ¡¡CON LOS MUERTOS NO SE JUEGA!!

Desirée se quedó de piedra. Intentó preguntar:

-Perdone, ¿qué acaba de decir?

-¡OCTAVIO ESTÁ MUERTO! ¡MURIÓ HACE 4 MESES EN UN ACCIDENTE DE COCHE! ¡DEBERÍAS SABERLO, TÚ QUE LO TIENES EN FACEBOOK!

La verdad es que no llegó a saber nada de él por ninguna parte un año después de cortar. Ella empezó sus estudios y él simplemente desapareció sin dejar rastro por ninguna parte.

Desirée cortó la llamada, pues estaba justo en la entrada de su casa. Subió las escaleras y abrió desganadamente la puerta. Sus padres estaban de nuevo discutiendo, pero pasó de ellos ésta vez. Se metió en su cuarto y se encerró. Las lágrimas bañaron su cara como el rocío matutino de las plantas y la tristeza invadió su cuerpo todo. Su única esperanza, su única vía de escape ante todos los obstáculos que el karma le había estado poniendo delante durante toda su vida, se había muerto. Y todo por su desidia e inmadurez.

domingo, 6 de julio de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 23: Mis colores preferidos

No soy el primero que abarca éste tema. Es más, Caslo de QPC habló sobre ésto en su blog personal, El Común de los Mortales (les animo a leer la entrada aquí y, de paso, ver el resto del blog). No obstante, mi mente necesita distracción para poder dormir. Son casi las cuatro de la madrugada y tanto por tener el biorritmo alterado (tener clases por las tardes hace que no se te apague el cuerpo hasta, por lo menos, las dos de la mañana) como los asuntos personales que a día de hoy me asolan y la siesta que me pegué por la tarde después de estar por la mañana cogiendo papas impiden que ahora pueda dormir, por lo que encuentro este tema harto conveniente y adecuado para escribir en una noche de soledad.

Los colores poseen una simbología que el ser humano le ha atribuido, ora arbitrariamente, ora por las sensaciones que nos transmiten al verlo. Mis pocas nociones sobre las mismas se basan en observaciones personales, dichos que la gente suele sostener como verdaderos y mucho leer Green Lantern de Geoff Johns, por lo que no es mi intención servir de autoridad al respecto. Dicho ésto, empiezo:

Desde pequeño, siempre me gustó el color rojo. ¿Por qué? No sé, porque me gusta, me llama la atención enormemente. Supongo que es un color que expresa pasión y desenfreno, que no se anda con rodeos y te llega a donde te tiene que llegar sin andarse con chiquitas. Por aquella época también me empecé a fijar en el color negro. ¿A asunto de qué? Pues de que mi madre no me dejaba tener ni vestir camisas de ese color cuando era niño (No sé que manía hay de vestirlos a todos de colores. Que son niños, no líneas del arcoiris) y, al igual que mi gusto por los videojuegos violentos, el prohibir la manzana de la discordia hace que uno quiera morderla más y más hasta que lo consigue y se queda con ella. Se supone que es un color que transmite negatividad y depresión, pero no creo que ése sea el caso. Hay personas que visten de negro y son totalmente activas y felices y otros que van de blanco y siempre están tristes. Hablando de blanco, también me apasiona ese color debido a la pureza y la vistosidad que tiene. El blanco destaca mucho en un mundo donde lo oscuro, egoísta y desagradable son norma general.

Por otra parte, el azul representa para mí (en gran parte debido a Saint Walker) la esperanza y el amor al prójimo, aunque a veces pueda ser un poco traicionero. El amarillo, aunque gran parte de culpa la tenga ese gran personaje que es Thaal Sinestro, representa para mí la independencia y el poder de hacer lo que uno quiera para conseguir sus fines se meta quien se meta por delante. Un color que, para esos que quieren impedir tu felicidad y tu meta, inspira miedo con sólo verlo.

Resumiendo, mi colores favoritos son: Rojo, negro, blanco, azul y amarillo. Puede que mis gustos actuales hayan influido en éstas preferencias o sean ellas las que han influido en mis gustos. La mente humana es un misterio que probablemente, al igual que muchas de las coñas que nacen en casa de Caslo y las acciones de según que personas, nunca podré entender. Pero oye, tan feliz que estoy con mis colores.

miércoles, 2 de julio de 2014

The Voice Of Lyrics Nº 22: Ensayo y error

Creo que he vuelto a equivocarme. Creo que he vuelto a cometer errores. Los errores son necesarios para poder avanzar, pero duelen. Duelen como si el hecho de meter la pata estuviera diseñado para ser la definición de dolor (o al menos del dolor espiritual). Éstos últimos meses han sido un carrusel de fallos y deslices como nunca los había visto. No fueron sólo míos, pero duele igual o más que si lo fueran.

Desde entonces he intentado seguir en pie, no demostrar a nadie que, finalmente, he sido abatido. He paseado, salido, jugado, reído, pescado... Con tal de mentirme a mí mismo y decirme que soy feliz, que todo se arreglará y que todo irá bien. Cuando llegaba a mi casa, estaba demasiado cansado o demasiado entretenido para pensar, pero el hecho de que las cosas han cambiado están ahí, sin moverse, por mucho que uno quiera taparlas. No puedo seguir mintiéndome más, es contraproducente. He de ser un hombre y afrontar que por mucho que duela, las cosas han cambiado y quizás sigan cambiando hasta un punto en el que ya no habrá marcha atrás. Tengo ganas de meterme en mi cuarto, taparme en la cama, llorar y pasarme allí el resto de mis días, pero no puedo hacerlo. No soy capaz de llorar por muy mal que me sienta y a excepción de ciertas cosas, tengo un examen mañana (aunque creo que lo voy a suspender) y tengo que seguir adelante por muy malas que se presenten las circunstancias. Quizás esos cambios paulatinos se hagan palpables en mi vida, quizás hasta me tome un tiempo de descanso y reflexión de todo el mundo que me rodea. Quizás Forelli desaparezca durante un tiempo. O quizás no. Pero sólo sé que las cosas van a cambiar mucho, aunque poco a poco.

Lucharé hasta el final y que sea lo que tenga que ser. Pero eso no cambia que por dentro no sea más que un triste chico que no supo llevar las cosas bien.