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sábado, 19 de noviembre de 2016
La Crítica del Mes (Noviembre 2016): No coman mierda, coman coños
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sábado, 29 de octubre de 2016
La Crítica del Mes (Octubre 2016): SOY UN COCHE Y TOCO LA PITA
Señoras y señores que aquí me acompañan, me hago a la idea de que muchos o están luchando por sacarse o se han sacado ya el carné de conducir en algún punto de sus vidas. Y a ustedes me dirijo para realizar la siguiente pregunta: ¿verdad que está prohibido tocar la pita en poblado bajo ningún concepto a excepción de evitar un accidente, avisar de que se está en una situación de emergencia (y con emergencia nos referimos a llevar a una persona al hospital o algo por el estilo) o para realizar un adelantamiento, fuera de poblado, como extra a los intermitentes? Y contestadas estas preguntas, ¿alguien me puede decir POR QUÉ LA GENTE TIENE QUE TOCAR LA PUTA PITA DE MIERDA PARA TODO? En serio, me cabrea demasiado que la gente use ese infernal ruido para todo. Se ceban con los demás. Y si el otro es novel, más. No puedes ni rascarte un huevo sin que un (o una, que las mujeres también entran en este jueguecito) imbécil se ponga a tocar la pita, porque es un baby boomer al que le vino el carné en la caja de cereales. Y luego esos mismos son los primeros en quejarse de que el vecino hace ruido con el taladro o llama a la policía si intentas rescatar a un gatito de ser aplastado por una ingente cantidad de rocas. Hasta los huevos me tiene esta gente ya con su doble moral y su visión enardecida de sí mismos.
Por mi condición, tengo cierto grado de hipersensibilidad sensorial, sobre todo auditiva. Por tanto, me desagradan sombremanera los ruidos repentinos y estridentes, como son aquellos producidos por una bocina de automóvil. Y si a eso le sumamos que a raíz de dicha hipersensibilidad me asusto con facilidad ante la aparición repentina de los mismos, ahí tienen la explicación a mi odio. No hacia el cacharro en sí, pues tiene su utilidad como todo en esta vida –excepto la ULPGC, que eso no sirve para nada–, sino a su mal uso. Y al igual que yo hay muchas personas que, por los motivos que sean, no soportan ese ruido tan grande y estridente. Entonces, ¿por qué coño las usan? ¿Tanta es la carencia de empatía que tiene el mundo? Creía que eso sólo era inherente a las chicas de pelo negro y de menos de metro sesenta de mi clase. Muchas veces me pregunto si es el mundo el que padece un trastorno mental y no yo. No me parece nada lógico que haya tanta gente o bien ignorante o bien tocapelotas en la carretera. Tampoco entiendo, a su vez, cómo se le entrega el carné a semejantes elementos. Yo desde luego no se los daría o se los quitaba, pues son los responsables de todo el estrés que genera la conducción y, por ende, de tanto accidente y tanta mierda dentro de poblado.
Y no hablemos ya de los que tocan la pita a la gente en bici. AY DIOS MÍO. Tanto por ley como por sentido común está terminantemente prohibido tocar la pita a los ciclistas por detrás. Del susto que puede ocasionar dicho acto, el ciclista puede caer al suelo estrepitosamente o, aún peor, desviarse del camino y terminar o bien atropellado o bien ocasionando involuntariamente un accidente, con todo lo que ello conlleva. Y si la persona es como yo, que se asusta fácilmente con las pitas, mal vamos. ¿Qué coño le pasa a la gente? ¿No saben leer el maldito manual que les dan en la autoesuela más que sea por encima? Señores, que está permitido ir en bici por la carretera, bien pegadito a la derecha para que aquellos como ustedes que tengan prisa pongan el indicador (ese es otro tema que tendré que tratar eventualmente) y adelanten dejando metro y medio de distancia. Porque incluso se puede sobrepasar la línea contínua para ese fin, ¿saben? Por tanto, no entiendo tanto problema. Y ya los que lo hacen en carreteras que están especialmente señaladas como vías ciclistas, como la que hay por Guanarteme, no quiero ni hablar ya. Un día alguien se va a caer de la bici y el tocapitas a tener que pagar varios miles de euros por irresponsable.
Si por algún motivo estos párrafos aquí presentes no dejan claro el fuerte odio que le profeso a los que tocan las pitas, trataré de dejarlo claro en una frase: A cada uno de los que tocan la pita de esta forma deberían aplicarle, por cada vez que tocan la pita, un pisotón en la cabeza con zapatos de buzo. Así, al menos, alimentamos a los perros con ellos, los animalitos tienen algo que llevarse al estómago y nos dejan tranquilos a nosotros, los conductores que no tocamos los huevos a nadie (o lo hacemos por accidente, que a muchos parece olvidársele que errar es humano). Y aunque suene a tópico, probablemente si los perros hacen caca donde anteriormente se encontraba la cabeza, habrán obtenido 50 puntos de coeficiente intelectual, 100 más de los que tenían con su cabeza natural.
Asi que si estás leyendo esto, te digo: No seas baby boomer. No toques la pita.
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miércoles, 31 de agosto de 2016
La Crítica del Mes (Agosto 2016): La sociedad y otras formas de tocarme los cojones
Los más veteranos de éste sitio saben que en las entradas más antiguas siempre tenía una puya preparada en cualquiera de las entradas. Sin embargo, entré por A o por B en una etapa de contención en la que el contenido del blog se suavizó bastante, pero eso ha llegado a su fin. Me he aguantado demasiado las cosas y creo que mi estilo siempre ha sido directo, ácido y apabullante. Ya no tolero la más mínima tontería. Y si hay algo con lo que historicamente y de forma figurada me he pegado de puñetazos es con la sociedad. Sus convenciones totalmente inútiles, sus hipocresías y contradicciones, su manía de meterse en los asuntos que no son suyos y decir que toda la mierda ya mencionada contribuye a una mejor convivencia me hace hervir la sangre. En serio, ojalá el que sea que haya creado ese estilo de vida sea atropellado por un tren de la RENFE y quede tan hecho mierda que tengan que alimentarlo vía intravenosa, que se equivoquen y en vez de ponerle suero en la bolsita, le pongan el meado de un drogadicto hasta que grite pidiendo la eutanasia. Hoy voy a exponer algunos de los motivos para este visceral aborrecimiento (no todos, pues quiero que la entrada no se haga pesada) y ejemplos de primera mano para tratar de que entiendan ustedes, lectores, mi punto de vista.
El primero y principal es que a mí se me da como el culo entenderla. Como Asperger que soy, mi forma de percibir tanto las relaciones sociales como el mundo en sí son muy diferentes a las de la mayoría de los neurotípicos. Eso me ocasiona de forma habitual choques con otras personas. Por poner un ejemplo, hace un par de meses un amigo me invitó a ir a la casa que éste compartía con su pareja. Pues bien, yo tenía cierta confianza con ese amigo y estábamos hablando de un tema. Se fue al baño y me dijo algo que no escuché, por lo que fui al baño, abrí la puerta y hablé con él desde el marco. Tiempo después, quedé de nuevo con este amigo y me dijo que su pareja se había escandalizado fuertemente por ello. Aquí se muestra tanto que la gente que no me conoce de nada ve en mí normalmente una persona excesivamente confianzuda (lo cual no es cierto, pues este tipo de actos y otros peores sólo los hago con amigos y sin ánimo de ofender o molestar) como que son todos unos putos cagados de mierda que no son capaces de decir las cosas a la cara. Y la verdad es que ésta última la hice yo también en los últimos dos años, por influencia de la sociedad. Pero tras sopesar bastante mi vida antes y después de ese cambio, y no puedo hacer más que llegar a la conclusión de que es mejor que se ofendan los demás con su protocolo de mierda a que uno se guarde las cosas. Mis ataques de ira han ido disminuyendo desde que tomé esa dirección y, en un todo, mi vida ha ido a mejor. Sé que a mucha gente puede no gustarles este cambio, pero es lo mejor para mí y el resto del mundo me puede remover la ensalada si no lo aprueban. No pienso entrar a un juego al que ni sé como jugar ni me gusta en lo absoluto.
Lo siguiente es que la gente piensa que las apariencias lo son todo y si no eres como ellos, eres una oveja negra a la que hay que retornar al redil sea como sea. En este caso pondré el ejemplo de mi familia materna. Ésta es, en su gran mayoría, de campo y anticuada. Me atrevería a decir, incluso, que algunos miembros son franquistas. Sea o no así, los cánones de belleza a los que acostumbran todos ellos son a aquellos que imperaban durante la época del Caudillo: pelo corto, afeitado y ropa de marca . ¿Adivinan quién no entraba ni entra en los mismos en esa familia? Exacto, el que aquí les escribe. No había momento en el que no fuera a una fiesta organizada por algún miembro de ellos o que alguna fuera a visitar a mi abuela para ser bombardeado con desaprobación y faltas de respeto varias como solo la gente rancia y "cuñada" sabe hacer: "Hay café... ¡Cafeitarse!", "Qué feo estás con esas greñas", "Así no te van a querer las chicas"... Y así día tras día. Llegó a un punto en el que estuve a punto de partirle la boca a una prima de mi madre. Y todo por no meterse en sus putos asuntos. Yo no les digo cómo tienen que peinarse, vestirse y vivir, así que bien se pueden meter el dedo en el culo y hacer palanca mientras me dejen tranquilo. Y esto que me pasa a mí le pasa a muchos en su día a día y con todo el mundo que les conoce: gente LGBT, estudiantes de artes, personas que estudian carreras que por hache o por be no son consideradas "útiles", personas cuyo estilo de peinar y de vestir diferentes al resto... Y me tiene bastante hartito. Cada uno es como es y nadie tiene que pasar por el aro de nadie, coño. Maldita sociedad metenarices.
Y por último, tenemos a esa parte muy grande de la misma que no solo no dice las cosas a la cara ni se mete donde no le interesa, sino que actúa a las espaldas y no hace más que joder la marrana. En este caso podría poner el ejemplo de una persona completamente despreciable de gran dentadura que lo único que merece en esta vida es que la destripen sin anestesia mientras le pegan puñetazos y patadas a los órganos que se le quedan pegados al cuerpo hasta que muera de dolor, pero quiero contar algo y no dejarme llevar por la furia, así que pasaré a otro que, si bien es más externo a mi persona, me sigue pareciendo despreciable. Un familiar de un amigo mío es conocido a lo largo de su barrio (y parte de los terrenos colindantes) por su gran afición a cuidar de cierto tipo de mascotas. Sin embargo, la sociedad no puede dejarla en paz ni un sólo minuto. A pesar de que esa persona presenta ciertas características que dificultan una satisfactoria comunicación, lo lógico sería tratar de hablar con ella y otra persona capaz de hacerle entender lo que el primero le comunica para solucionar cualquier problema que pudiese haber. Pero claro, es la sociedad, no le pidas lógica. Voy a dejar fuera en esta ocasión a los hijos de esas personas, que se dedican a perseguir a esta mujer, tirarle cosas y gritarles insultos bastante fuertes (a esos como los coja un día, voy a coger las cosas que tiran, metérselas por el esófago hasta que sus dientes queden a la altura de mi codo y removerlos por dentro como una puta batidora). Centrémonos en los propios vecinos, esos que se dedican a quejarse de que esos animales ensucian, rompen y destrozan sin tener en cuenta que eso podría ser ocasionado por otras fuentes. Y sobre todo en una vecina nueva, una que debido a que no rije demasiado bien se ha dedicado a desenterrar toda esa mierda que ya estaba más o menos olvidada. Y así muchas personas día tras día. Es algo ya habitual en la sociedad hacer caso y creerse esa mierda del "homo homini lupus" e ir jodiendo por las espaldas a ocasionar el mal ajeno para que todo encaje en sus ideales.
Para acabar, podría escribir una parrafada resumiendo todo lo que me parece tanto la sociedad en sí como las prácticas aquí detalladas, pero dicen que una imagen vale más que mil palabras:
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domingo, 17 de julio de 2016
La Crítica del Mes (Julio 2016): El debate (de mierda) más antiguo de Internet en habla hispana
Toda persona del mundo (o al menos del primer mundo) consume productos de entretenimiento, de una forma u otra. Y no lo digo por generalizar, pues no habría más que hacer una pequeña encuesta y ver que cada persona o bien lee libros, o bien cómics, o bien ve series y películas, o lee/ve representada una obra de teatro y así con todas las formas de entretenimiento que se les ocurra. No obstante, no siempre el producto que consumimos está hecho en tierras patrias, sino en lugares diversos como Estados Unidos, Inglaterra o Japón (por poner los ejemplos que más atañen al tema de la entrada). Si eres conocedor del idioma que se habla en dichos lugares, está genial. Eso quiere decir que tu nivel en dicho idioma te permitirá disfrutar esa obra en su máximo esplendor, con sus peculiaridades, sus acentos, sus juegos de palabras y todo eso que puede hacer grande a una historia bien contada. Sin embargo, por varios motivos (desconocimiento del idioma, pocas ganas a estar esforzándose en entender lo que oye o lee o vagancia para no leer los subtítulos, entre otros) tenemos la necesidad de consumir dichos "productos" en nuestro idioma (el español en este caso). Como el español de España es, lógicamente, muy diferente al que se hablan nuestros hermanos latinos en países como Argentina, Uruguay, Chile, México y Venezuela entre otros, las traducciones son muy diferentes entre ellas atendiendo a factores culturales y lingüísticos inherentes a cada lugar. ¿Cuál es el problema? Que no siempre estas traducciones son acertadas y eso provoca en los aficionados que no son partícipes de dichas características culturales una reacción de rechazo y burla que de un tiempo para acá me está empezando a tocar los cojones sobremanera. Para ser más concretos, los latinos creen que sus traducciones son perfectas mientras que las españolas están llenas de errores y sinsentidos. Y como estudiante de lenguas que soy en la actualidad y como futuro guionista que espero ser, el tema (o más bien la actitud de los latinos al respecto) me parece cansino, falto de visión y de parcialidad y aberrante.
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| Cómo se ven los latinos cuando se creen graciosos por criticar y mofarse de las traducciones españolas |
Antes de seguir con la entrada, es importante que distingamos doblaje de traducción. Traducción es el acto de pasar el contenido del producto en su totalidad del idioma original a otro diferente y es el tema que se trata aquí. Doblaje, en cambio, es poner las voces de los personajes en aquellos medios audiovisuales en el idioma de destino para que el espectador entienda así lo que está viendo. Los dobladores se limitan a grabar los textos que se les pasa, ya traducidos, por lo que dejemos de achacar las malas traducciones a los dobladores (que también se puede doblar mal, pero ese tema no nos concierne ahora).
Los chistes más recurrentes son sobre tres puntos en concreto: El nombre de Wolverine aquí en España (Lobezno), el nombre que se le dio aquí al Kamehameha de Goku (Onda Vital) y el título que se le vino a dar a las tres primeras películas de la Saga Fast & Furious (A todo gas). Aunque también es común quejarse, sobre todo, de títulos de películas como La Jungla de Cristal o Un Canguro Superduro, es en el ámbito de los cómics y el anime donde he presenciado la variante más acalorada y a la par sinsentido del debate. No he venido aquí a explicar cada caso en concreto, pero sí a argumentar el por qué pienso que el tema debió morir hace bastante tiempo. En primer lugar tenemos la época en la que un producto se saca y, con ello, las connotaciones culturales. Durante los años sesenta y setenta, México prohibía el uso de nombres extranjeros en publicaciones y series infantiles, de ahí que se tradujeran los nombres propios de personas como pueden ser los casos de Bruno Díaz (Bruce Wayne/Batman) o Gil Garza (Guy Gardner/Green Lantern). A su vez, se me ha dicho que a Catwoman se le llamó Gatúbela por aquellos lares porque llamarla Mujer Gato sería relacionarla con la prostitución. En el caso de España, el evento de Marvel llamado Civil War se dejó tal cual porque en España la "Guerra Civil" tiene unas connotaciones históricas bastante diferentes a las que tiene en Estados Unidos. Es por eso que muchas veces, para poder alcanzar a un público mayor o para que no se piense del personaje lo que no es, es necesario tomarse alguna licencia a la hora de poner un nombre a algo. Estamos de acuerdo en que a veces se exceden con esa libertad, pero muchas veces es necesaria.
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| Que alguien mate al que se le ocurrió ese título, por favor |
Otro motivo para los cambios reside no en los traductores, sino en los productores. Dicho de otra forma, los nombres se cambian por simples, aunque repulsivas en su mayoría, estrategias de marketing. En español puedo nombrar cientos de ejemplos, como todas esas películas de comedia juvenil a las que le dan títulos muy mierdas como Dos Colgaos Muy Fumaos o el ya mencionado caso de Die Hard, traducido como La Jungla de Cristal, pero hay uno que me mosquea como fan de los cómics y es que a los X-Men se les llame Patrulla-X. Un amigo me ha contado que en los setenta, el título de Hombres-X habría confundido al público y por eso se escogió lo de "Patrulla". En el caso de nuestros hermanos latinos podemos enfocarnos en casos como Pulp Fiction, a la que titularon Tiempos Violentos, descontextualizando por completo el hecho de que la película parodiaba el género pulp (no sé el motivo) o la película Cruel Intentions, que se tradujo como Juegos Sexuales simplemente para incitar al morbo en los espectadores y vender más. Aquí tenemos que pensar que al fin y al cabo lo que le importa a los trajeados de arriba es conseguir el mayor beneficio posible y para ello han de presentar el producto de una forma que venda a cuantos más mejor. Eso implica, muchas veces, cargarse el simbolismo y el sentido del título original. Eso depende meramente de las empresas y no de los traductores, por lo que estaría bastante bien que lo tuvieran en cuenta antes de empezar a soltar las chorradas sobre nuestras traducciones que sueltan.
Parece que aquí prima aquello de que se ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio. Como he venido diciendo ya, por parte de ambos hay traducciones harto cuestionables y se puede deber por los dos motivos anterior mencionados o por otros que quizás desconozca personalmente pero que no por ello no existen. Es una realidad que no es que la haya probado yo al redactar la entrada, sino que una rápida búsqueda por la red te lo puede aclarar incluso mejor que yo. Tanto españoles como latinos han cometido errores de un tipo u otro, teniendo ambos "bandos" en común que los errores del vecino son garrafales e imperdonables mientras que con los nuestros somos más permisivos porque crecimos con ellos y es "nuestra infancia" (falacia que se usa para apoyar el argumento de que Goku es un buen personaje, entre otros casos). Esta discusión termina sacando el lado más xenófobo, terco y asqueroso de ambos bandos, y todo por trabajos de ficción que ni hicieron ellos ni les dan de comer. Una discusión sin sentido que debería acabar ya. No cuesta nada hacer un ejercicio de investigación y comprender la tesitura de cada sitio, pero resulta más fácil recurrir al insulto y a la mofa.
Una pena, creía que habíamos avanzado en todos los años que han pasado desde que Internet entró en nuestras vidas...
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sábado, 11 de junio de 2016
La Crítica del Mes (Junio 2016): Dejemos de culpar al fútbol
Ya llega el verano y trae de la mano, aparte de dietas milagro y programas televisivos temporales de dudosa calidad, los mayores eventos deportivos a nivel mundial. Pronto tendrán lugar los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, en Brasil, país que también fue anfitrión del Mundial de Fútbol hace ya dos años. Pero antes de dichos Juegos, hay algo que tiene en vilo a gran parte de Europa y, no nos engañemos, a todo el globo. Hablo, cómo no, de la Eurocopa. Hoy, 10 de Junio de 2016, Francia inauguraba la mayor cita futbolística cuatrienal a nivel europeo con un partido de su selección nacional frente a la de Rumanía, partido que ganó por dos goles a uno, no sin sufrimiento. Sin que sirva de precedente, yo me he sentado a ver dicho partido, pues tenía curiosidad por verlo y, probablemente, comentarlo mañana con mis amigos de la Comunidad Blogger, duchos en cuanto a fútbol se refiere. Y a lo largo del mismo mis neuronas se han puesto a pensar en muchas cosas, entre ellas la fama que el deporte rey tiene entre aquellos que no disfrutan del mismo como una mera distracción para que el pueblo no piense en nada más, en una fuente de dinero donde veinte muchachos corren detrás de una pelota (no podemos contar a los porteros) y, en un todo, como algo que sólo beneficiaría al mundo con su desaparición. Mi yo de hace cinco años probablemente estaría de acuerdo, pero a mis veinte años y a pocos meses de los veintiuno pienso de una forma totalmente diferente. Hoy, en lo que representa la vuelta de las Críticas del Mes después de este parón de tres meses, expondré mi forma de pensar al respecto y, como el nombre de la sección indica, las cosas criticables que encuentro en dichas actitudes.
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| Paul Pogba, Antoine Griezmann y Olivier Giroud, jugadores profesionales de talla internacional que se encuentran disputando la Eurocopa durante este mes |
Empecemos con el hecho de que los futbolistas de primera categoría cobran miles de euros por semana y algunos, incluso, llegan a cobrar millonadas por una temporada completa. Estoy de acuerdo en que sí, ese salario puede llegar a ser excesivo y, además, se infla al sumarlo con el dinero que reciben al jugar con las selecciones nacionales y al prestar su imagen para anunciar ropa, colonias y demás zarandajas en las que la imagen sea muy importante. No obstante, ¿alguno tiene en cuenta el trabajo físico que hacen estas personas para poder ser tan excelsos dentro del campo y la fatiga tanto física como mental que ello conlleva? Para no liarme mucho, intentaré poner un ejemplo. Imaginen ahora que juegan ustedes en un equipo que, sin ser del todo malo, no es tampoco de los que mas brillan. Cada fin de semana (viernes, sábado o domingo) tienen partido, una semana en "casa" (en el estadio del equipo en el que milites, no necesariamente tiene que ser de tu país) y otra en otro lugar del país, cada vez en un lugar diferente. Al hecho de tener que estar noventa minutos dando el callo semana sí y semana también sumémosle que han de entrenar casi todos los días (si no todos) durante varias horas para no perder la forma e, incluso, mejorar su rendimiento (no, no es como los niños, que entrenan los martes y los jueves de cinco a seis y media). Suena agotador, ¿verdad? Pues imagina ahora que juegas en un equipo famoso de los que quedan primeros en liga (Real Madrid, Barcelona, Paris Saint-Germain, Juventus y un largo etcétera). A lo anterior mencionado (si no es que aumentan más las horas de entrenamiento) sumémosle partidos entre semana para jugar que si Champions League (o Europa League), que si la copa del país en el que juegues (aquí la llaman Copa del Rey, pero en cada lugar tiene una denominación diferente), que si mundial de clubes... Lo que significa más viajes (algunos de ellos internacionales) y, por tanto, más fatiga y estrés. Estar siempre lejos de tu casa, de tus amigos, de tu familia, a la par que allá donde vayas miles de personas se aglutinan para verte... ¿No creen que es una carga de trabajo bastante grande? Y no hablemos de cuando te convocan con la selección de tu país. Además, ellos no pueden salir del trabajo a tomarse unas cañas o fumar, pues su cuerpo es su herramienta de trabajo y el más mínimo descuido les puede costar la carrera. Ya poniéndonos en situación, ¿no les parece que ese comentario de "no hacen más que correr detrás de una pelota" es una mierda como un piano? Y ojo, no digo que esté bien que Cristiano Ronaldo cobre en una semana lo que un bombero en un año, pero es un trabajo que exige mucho y, como tal, merece ser pagado acordemente.
Sigamos con eso de que el fútbol solo sirve para distraer a la gente de los problemas sociales. Creo que como adultos que somos, deberíamos tener la capacidad de poder disfrutar de nuestras aficiones sin que eso nos aisle del mundo que nos rodea y, por tanto, nos impida ver las injusticias que nos asolan. Yo, sin ir más lejos, soy un lector asiduo de cómics y no estoy todo el día pensando en Superman, Plastic Man y demás. Mi amigo Painter es un grandísimo cinéfilo y dudo mucho que solo esté atento a lo que hacen James McAvoy, Kurt Russell o Quentin Tarantino. Y estoy seguro de poder decir que Caslo Hombrebarba y Sarman, siendo verdaderos fans del mal llamado "deporte rey", son capaces de ver lo que pasa en el país más allá de los goles que metan o dejen de meter Luis Suárez y Karim Benzema. Lo que quiero decir con esto se puede resumir en una frase tan simple como "No culpes al juego, culpa al jugador". Dejemos de apuntar al deporte como culpable de la ceguera social de la gente al igual que no lo hacemos con la lectura o cualquier otro medio de entretenimiento, apuntemos a esos que prefieren vendarse los ojos para escapar de la realidad, al igual que a los politicuchos de turno que pretenden escurrir el bulto y ocultar el apabullante mal olor que producen con la cantidad de cagadas que hacen con el aromático aunque efímero olor de los grandes eventos deportivos. Dejemos de caer en la moda de la contracultura y actuemos con raciocinio propio, que estamos mayorcitos para estar con esas machangadas.
Por último, pero no menos importante, ¿por qué tendría que desaparecer el fútbol? ¿Sólo porque no les guste? Por esa misma regla de tres, tendría que desaparecer todo, pues siempre habrá algo que no nos guste y que guste a una mayoría. ¿Porque distrae a la gente? Aparte de recomendarles que relean el párrafo anterior, siguiendo esa regla de tres deberíamos eliminar toda forma de entretenimiento concebible y dedicarnos a trabajar, como los puritanos que llegaron a las costas de Boston para fundar aquellos pueblos que hoy en día conforman la gran mayoría de los Estados Unidos de América. Hagamos un ejercicio de empatía (pero de verdad, no esa de la que tanto presume mi "amiga"): Yo (y conmigo miles e, incluso, millones de personas) sería muy infeliz si hicieran desaparecer o, en su defecto, no me dejaran disfrutar de mis lecturas superheroicas. Gran parte del mundo se sentiría desgraciado si no pudiese ver películas y series para disfrutar de su tiempo de ocio con aquello que más les gusta. Ahora piensen en esas personas que viven los partidos con emoción, como yo vivo las aventuras de los X-Men o como ustedes viven el terror de Pesadilla en Elm Street. ¿Qué derecho tenemos nosotros de desear que su hobbie no exista más? ¿No es más fácil y satisfactorio a largo plazo vivir y dejar vivir a los demás? Para mí lo es, y por eso prefiero respetar las aficiones de los demás como deseo que respeten las mías. Y oye, que a lo mejor si te acercas un poco, puede que te acabe interesando...
En resumen, estimados lectores, dejemos de tener al fútbol como cabeza de turco como bien reza el título de la entrada y culpemos a los que de verdad tienen la culpa: a los dueños de los clubes así como los distintos órganos mundiales del fútbol por convertir un bello deporte en un circo de oro con incrustaciones de diamantes, a los políticos por usarlo como distracción reiterativa y a nosotros mismos por no intentar ponernos en el lugar de aquellos que, a diferencia de nosotros, sí gustan del fútbol. Dicho esto, espero que pasen un buen día y, para aquellos fans del fútbol:
¡Disfruten del espectáculo durante este mes!
martes, 22 de marzo de 2016
La Crítica del Mes (Marzo 2016): No hay mayor mierda que los malentendidos
No se alarmen, no he olvidado la entrada correspondiente al mes de Febrero. Sin embargo, debido a ciertos hechos que culminaron y dieron lo peor de sí durante dicho mes, he decidido dejar esa entrada sin hacer como algo simbólico que representará esos momentos tan aciagos que viví en lo personal. No obstante, he vuelto. ¿Qué quiero decir con esto? Que el mejor Forelli ha vuelto a la luz. El gracioso, el amigo, el socarrón... El que jamás debió irse. Y ha vuelto para quedarse. No más tormento, no más locura. El espíritu de éste blog vuelve. No se crean, sin embargo, que ésta introducción eufórica es un simple capricho mío, pues tiene que ver con el tema que quiero abordar hoy. A pesar de lo que podamos creer, no estamos solos en este mundo. Compartimos nuestro planeta con otros seres humanos que, al igual que nosotros, tienen una forma única de pensar, de sentir y de actuar. De vez en cuando, por esa misma idiosincrasia que nos rodea a cada uno de nosotros, entramos en conflicto. A veces hay un verdadero motivo, pero la mayoría de veces se resume o se basa en que ambas personas vieron los actos de la otra de una forma completamente distinta de lo que el perpetrador de dicho acto pretendía. Muchas veces, podemos llegar a obnubilarnos y a pasarlo muy mal sin necesidad alguna. Hablo, por ende, de los malentendidos, esos viejos conocidos tan molestos que muchas veces asoman sus narices en momentos de furia para hacer la convivencia más difícil de lo que ya es en primera instancia.
Son la cosa más repulsiva que pueda existir a nivel de relaciones personales. Peor aún que el odio puro o la maldad pura, pues en dichos casos no hay nada más que malos sentimientos y se puede entender. Pero los malentendidos, por otro lado, hacen que saquemos nuestra peor cara a aquellas personas que adoramos. Y nosotros no queremos ser así con ellos realmente, pero nos vemos "obligados" por ese supuesto daño que se nos ha hecho que luego resulta ser un sucio espejismo creado por el estrés y otros cientos de emociones negativas causadas por la nefasta rutina que hemos de seguir día tras día. No todo tiene que ser malo, no obstante. De este tipo de situaciones podemos aprender muchas cosas sobre los demás, hacernos una idea de cómo ven el mundo y cómo es, en un todo, su forma de pensar y actuar. Desde hace unos años, tiendo a pensar que toda experiencia, por muy mala que sea, nos sirve para aprender, asimilar y desarrollar a nuestros yo internos. Y además, ¿qué sería la vida sin conflicto? Vaya historia de mierda se nos quedaría entonces. Pero lo importante es tener en cuenta que todos somos diferentes y que, pase lo que pase, hay que buscar una resolución pacífica, pues no hay nada peor que perder a un amigo, a un familiar o a alguien de gran importancia por algo que realmente no lo merece en absoluto.
A ver, no quiero darle una lección a nadie. Soy totalmente consciente de que muchas veces surgen, por hache o por be. De hecho, yo he sido víctima (y verdugo) de los mismos durante gran parte de mi vida (si no toda) debido a mi condición de Asperger. Pero por ello puedo decir y digo que en gran parte éstos problemas se pueden evitar de una manera que no siempre es fácil, pero que es totalmente preferible a pasar penurias, enfados y ser transmisor y receptor de malas vibraciones a nivel internacional: la comunicación. Es de vital importancia que cuando se den estas situaciones intenten tomar aire, evitar extender el problema, tomarse un tiempo para reflexionar y, cuando de verdad nos sintamos calmados y preparados, hablar con la(s) otra(s) persona(s). Nos curará en salud y nos ahorrará mucho tiempo que podemos invertir perfectamente en leernos un libro que nos apasione, crear un reclamo para cangrejos ermitaños o aprender a empastarle una muela a tu perro gracias a la infinita sabiduría de la red. Admito que en mis últimas desventuras yo hice todo lo contrario a lo que he dicho en estas líneas y por eso he envejecido dos años de físico y cinco de espíritu. Además de que por ello, una persona a la que quiero y aprecio mucho lo ha pasado muy mal. Por eso, chicos y chicas, les animo a seguir mi consejo en su día a día, pues verán que con buen humor todo va sobre ruedas.
Para terminar, les dedico esta entrada a las personas con las que tuve el malentendido (ellas saben quienes son, encuentro innecesario dar nombre alguno) pues, a pesar de que estamos en un periodo de readaptación, he aprendido bastante de nuestra mala experiencia y espero que ellas hayan hecho lo propio. Como bien aprendí de un personaje que marcó mucho mi adolescencia: "Todo irá bien".
PD: También me gustaría dejar un enlace a mi última creación "literaria", Te observé en la distancia. Se la dedico a una persona en especial que no sé si la llegará a leer alguna vez, pero espero que le guste.
martes, 26 de enero de 2016
La Crítica del Mes (Enero 2016): No soy ningún perro guardián
En los recientes días y a raíz de un nimio y momentáneo problema con un gran amigo, he vuelto a pensar sobre un tema que me ya me dio en el pasado uno o dos quebraderos de cabeza, sobre todo en mi época de noviazgo con Wonder Woman, hace ya dos años y medio. Y quizás el tema que vengo a exponerles hoy les parezca una absoluta nimiedad y ustedes ni siquiera lo contemplan en su día a día, pero a mí me choca bastante e incluso podría relacionarlo con algo tan repulsivo y (lamentablemente) cotidiano como es el machismo. Y es muy probable que después de leer ésta entrada, si bien no cambien de parecer al respecto, tengan algo en lo que pensar seriamente durante unos minutos con respecto a sí mismos y a la mierda de sociedad que nos rodea. No me importa si coinciden conmigo o no, me doy por satisfecho con que se hayan tomado el tiempo de reflexionar sobre el tema y sopesarlo detenidamente.
Recurriré a un ejemplo con tal de explicarme mejor. Imaginemos, pues, que una persona del género masculino es pareja de una del género femenino. Como es de esperar, ambos tienen amigos, ya puede ser en común o no. Por los motivos que sean, los amigos de él hacen bromas, se meten o, incluso, hacen algún tipo de alusión a ella (no abierta) en algún medio de fácil acceso para el público. ¿Es deber del chico, pues, sentirse dolido y/o tiene la obligación de salir a la palestra y defenderla? ¿La chica debe limitarse a llorarle a su novio esperando que éste deshaga el supuesto "agravio" cometido por sus compañeros? En caso contrario, ¿significaría que el chico no quiere a su novia? Estoy completamente seguro que más de uno habrá contestado "sí" a dos de las preguntas, si no a las tres. Mi respuesta, no obstante, a esas mismas interrogantes es un NO en mayúsculas, grande y sonoro como ningún otro lo será jamás en la historia de la humanidad. Expreso así mi total aversión a esta mierda de convención social que tan arraigada está en nuestra moral por varios motivos que yo considero de peso y que procederé a detallar uno por uno para dejar bien clara mi postura al respecto:
- Es machista. Al saltar automáticamente a defender a tu pareja (si eres hombre y heterosexual) das a entender que ella es más débil que tú y que no tiene la capacidad ni la madurez para defenderse por si misma, como si fuese un niño o una persona inválida. Al ir corriendo a llorarle a tu novio (si eres mujer y heterosexual) demuestras que estás de acuerdo con ese papel que la sociedad te ha atribuido de damisela en apuros que necesita de un príncipe azul cada vez que se moleste por algo. Démosle a nuestras compañeras la estimación, la confianza y la libertad que merecen, tanto unos como otras.
- Muchas veces pueden ser simples bromas. Vale, que una broma repetida muchas veces cansa y harta, pero eso pasa con todas las bromas y chistes. El ciclo es tan simple como crear la broma, extenderla, quemarla y guardarla en el cajón. Nadie es quién para establecer qué es gracioso y qué no, eso es algo subjetivo. Lo único que se puede hacer es mostrar tu desacuerdo o tu repulsa, pero no puedes impedir que se haga una broma, pues entonces se caería en algo que creo que todos odiamos aquí y que, por consiguiente, no queremos ni en pintura: la censura y la represión de la libertad de expresión.
- El que se pica, ajos come. Si se diera el caso de que es un insulto continuo y no una broma y, sobre todo, si sabes que lo que se dice no es cierto, me remito al popular refrán que abre este punto. Si buscan dañarte mediante la difamación gratuita y sin base, sigan con sus vidas. No les den una atención que no merecen. No dejen que dichos comentarios les amarguen. La mayor cachetada que se le puede dar a estas personas es la total indiferencia.
En resumen, queridos amigos: Cada persona con total uso de razón y de sus facultades mentales debería ser capaz de defenderse de toda afrenta personal sin necesidad de recurrir a terceros, por muy allegados que éstos sean. Meter almas inocentes en sus guerras personales no hará más que aumentar las bajas morales y el malestar general de todos y vale más callar y conservar la buena relación con ambos lados que declinar la balanza hacia ninguno de los mismos. Y yo, desde hace un tiempo, lo he predicado con el ejemplo. Ni salto por nadie ni pido a nadie que salte por mí. No soy el perro guardián de nadie. No lo sean ustedes tampoco.
lunes, 21 de diciembre de 2015
La Crítica del Mes (Diciembre 2015): El mundo se ha vuelto un lugar frívolo... O eso es lo que quieren que creamos
Estoy bastante harto de que todos los días se repita la misma cantinela: "el hombre es malo por naturaleza", "homo homini lupus", "no te puedes fiar de nadie, el mundo es cruel" y otras frases similares que la gente asume como verdades indiscutibles sin cuestionarlas ni un momento. De hecho, parecen disfrutar con el juego de la puñalada por la espalda, con el macabro baile de máscaras, con la burda farsa del daño ajeno. Y yo, horrorizado testigo de toda esta vorágine moral descendiente, me pregunto: ¿Por qué? Y yo, asqueado por la situación, me cuestiono: ¿cómo hemos llegado a ésto? Y yo, imbuido en la furia más primigenia, grito: YA ESTÁ BIEN. No tengo por qué tolerar un adoctrinamiento tan machacante, descarnado y cruel. De acuerdo, los accidentes y la mierda pasan y hay personas en el mundo cuyos valores son paupérrimos en el mejor de los casos, pero nada de eso justifica que nos aislemos y encerremos en nosotros mismos. Ninguna cárcel es buena, y las mentales son las peores de todas. Como ser humano que desea libertad, vuelvo a gritar: YA ESTÁ BIEN.
Uno de los axiomas que llevo intrínseco en mi existencia es que las cosas que se rompen se arreglan si se puede. Y en realidad se puede, pero la gente no quiere. Es mucho más fácil encerrarse en sí mismos, hacerse una piedra y ocultar las emociones de uno en un baúl donde nadie pueda siquiera alcanzarlas. Y sí, es fácil, pero también es cobarde e infantil a más no poder. ¿Por qué insistimos en ser niños morales con miedo a que cualquiera de nuestros compañeros de patio sea un abusón que nos estalle nuestro globo preferido? Compartamos nuestros juguetes, juguemos juntos. Si hay alguien que nos traiciona pues no confiamos más en él, pero no es necesario que paguemos todos juntos por pecadores. Además, si todos cambiásemos el chip y dejásemos de un lado la paranoia leviatánica y hobbesiana que gobierna el mundo, no tendríamos la necesidad de desconfiar de nadie, pues todos buscaríamos el bien común sin tener que dañar a nadie. Y hablando de infancia, ¿quienes son aquellos que nos meten en la cabeza continuamente que nuestra especie es un nido de víboras en busca de una nimia bajada de guardia para inyectarnos su veneno? Venga, les dejo que piensen un rato.
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Venga, que ustedes pueden.
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Lo tienen en la punta de la lengua, vamos.
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Oh, vamos, ¿no les viene? Pues dejen que lo diga yo. Son todos esos políticos, banqueros, empresarios y elementos esperpénticos que mueven el mundo. Esos que ostentan un poder antinatural sobre el resto de la humanidad y que saben que nosotros les bajaríamos los humos unidos si no hiciese nada para evitarlo. ¿Y cómo lo hacen? Fomentando la desconfianza, el individualismo más descarnado y el sálvese quien pueda más rastrero posible entre los que nos encontramos a su merced ante las reglas que ellos mismos han puesto en su juego. Piénsenlo. Si esas mismas personas consiguieron que temiéramos la ira de un ser omnipotente protagonista de su propio compendio de libros plagados de errores de continuidad hace miles de años, no duden que ahora pueden usar técnicas más avanzadas para llevarnos al matadero haciéndonos pensar que nos advierten por nuestro bien. El falso miedo a nosotros mismos, a nuestros hermanos, es lo que hace que ellos vivan sin preocupaciones. El hecho de que gracias a ellos no seamos capaces de confiar en el resto les llena de orgullo y satisfacción, como diría Juan Carlos de Cojón Borbón, al ver que tienen al "ganado" bajo su control. Y esto se tiene que acabar YA.
Debemos unirnos todos y comenzar a actuar por el bien común en vez de por el beneficio propio. Es prioritario dejar de pisotearnos en búsqueda de una gloria solitaria y vacía e ir juntos, ayudándonos en lo posible y alegrándonos por el prójimo en vez de envidiarle y lastrarle. En nuestras manos está cambiar la imagen que tenemos de un mundo frío y cruel con nuestro cariño y nuestras mejores intenciones. Además, es totalmente inútil hacer lo mismo una y otra vez esperando que los resultados sean diferentes. Ser unos egoístas malnacidos no ha servido de nada hasta ahora. ¿No ven que ya va siendo hora de cambiar el chip? Y para que ésto funcione, debemos poner todos de nuestra parte. El cambio empieza desde uno mismo y va extendiéndose hacia afuera como las ondas de una red WiFi. Abrámonos a nuevas opciones, no tengamos miedo a lo desconocido. Apartemos a un lado los pesados lastres del ponzoñoso pasado que nos matan lentamente. Abracemos el futuro. Porque no debemos dejar que los de arriba nos manipulen, acabemos con la obsoleta imagen de frialdad y desconfianza en todos.
¡Que te den, misantropía!
domingo, 8 de noviembre de 2015
La Crítica del Mes (Noviembre 2015): Cómo me toca los huevos la red social de la camarita
Vivimos actualmente en una era donde la inmensa mayoría de los que habitamos éste planeta (si bien no somos todos los habitantes en peso por los motivos que sean) estamos interconectados gracias a Internet. Hoy podemos hablar fácilmente con cualquier persona que viva a miles y miles de kilómetros de aquí con sólo sacar nuestro teléfono, buscar su contacto y mandarle un mensaje. También tenemos sitios en la red que, a la par que comunicarnos con el mundo, ejercen distintas tareas: Facebook nos permite compartir nuestros álbumes de fotos con todos nuestros amigos, Twitter permite hacer lo que yo hago ahora mismo (bloggear) pero de una forma mucho más compacta y rápida, Telegram permite comunicarnos con cualquiera de nuestros contactos desde cualquier dispositivo electrónico cómodamente (móvil, táblet, ordenador...), y así podemos continuar aeternum. Hoy vengo a hablarles de uno de éstos sitios en concreto. Uno que, a diferencia de los ya nombrados (decepción continua, ya no es lo que era y la mejor opción respectivamente), le tengo un asco inenarrable desde que conozco de su existencia. Me he reído de ella innumerables veces y pienso seguir haciéndolo por los siglos de los siglos. Hablo de la red social hipster por excelencia. Hablo, cómo no, de Instagram.
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| El logo de Instagram es una mezcla entre una Polaroid y una Instamatic de Kodak. Empezando el hipsterío desde el vamos. |
Nace de la mano de los programadores Kevin Systrom y Mike Krieger en San Francisco (California, EE.UU), que sacan la aplicación al mercado el 10 de Octubre de 2010. El concepto tiene tal éxito que poco más de dos meses después alcanza una comunidad activa de un millón de personas. En Julio de 2012, meses después de la compra de ésta aplicación por parte de Facebook (1.000 millones de dólares, casi nada) tiene una comunidad de 80 millones de personas y pasan a ser 150 en Septiembre de 2013. Según los datos proporcionados por varias páginas web, a finales de 2014 tenían nada menos de 300 millones de usuarios. Y creciendo. Y es ahí donde surge la pregunta: "¿Qué es lo que hace tan famosa y especial a Instagram?". Es muy simple: ésta red permite compartir fotos en un formato de 4:3 junto a un comentario debajo de ésta cómo si de una foto tomada con una Polaroid se tratase y, además, te permite aplicar filtros a las fotos para que queden más "cool". A eso hemos de sumarle que cada vez más famosos usan ésta plataforma para subir sus fotos y vídeos para darse publicidad y estar en continuo contacto con sus fans (incluso Dross tiene cuenta ahí, imagínense) y tenemos una mezcla de popularidad perfecta. Ah, y se me olvidaba decir que puedes compartir las fotos subidas por aquí en Facebook, Twitter, Tumblr y Flickr, entre otras redes sociales.
Como bien dije al principio de ésta entrada, nunca he soportado ésta red. La idea de cómo es usada por el 75 u 80 por ciento de sus usuarios (hacerles fotos a su <inserte comida o bebida hipster aquí>, meterle cuatro filtros, diez mil hashtags y publicarla con todo el mundo esperando que la gente les lama el culo) me repugnaba desde el principio y nunca tuve la intención de meterme allí. Sin embargo, yo conocí a una niña de la que no he hablado abiertamente aquí y que desde ahora procederé a llamar Miércoles (por ser de pelo negro largo, piel extremadamente blanca y de que, a pesar de que parezca casi una mujer, es una niña con serios problemas de toda índole). Yo quería mucho a esa niña, a pesar de todo. Me dijo que tenía una cuenta de Instagram donde publicaba escritos de cuando en cuando y claro, Instagram es de ese tipo de mierda elitista en la que tienes que registrarte para poder ver lo que hay dentro. Por tanto, comencé a usar ésta red, a darle una oportunidad para ver qué me podía deparar y qué utilidades podía tener. El experimento fracasó considerablemente, por lo que me limité a subir mierdas y fotos de coña para que se mandaran instantáneamente a Facebook y Twitter y, una vez Miércoles sufrió el trabe definitivo y me echó de su vida, procedí a borrar mi cuenta. Y fue lo mejor que hice después de ver toda la hipocresía y la falsedad que encierra ésta red social, mucho más que ninguna otra que el ser humano haya conocido (y mira que eso es difícil).
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| Una foto típica del sitio. Interesante, ¿eh? Tanto como ver secarse la pintura. |
Tengo muchos motivos que trascienden el simple despecho para repudiar a Instagram. El primero y principal de los motivos ya se ha dicho, que es la superficialidad y el juego de máscaras continuo que se mueve en ésa página. Es, por explicarlo de alguna forma, el equivalente a esas dos mujeres que se encuentran y se dedican a alabarse unas a otras y que según se dan la espalda están despellejándose mutuamente. Otro es el hecho de que está diseñado para propiciar ésto, y podemos verlo en cosas como que si comentas en una foto no se te notifica de posteriores comentarios a menos que se te nombre en ellos, la imposibilidad de descargar los contenidos posteados (ya sean tuyas o de cualquier otro) y que no hay siquiera una opción de chat. ¿Qué quiere decir ésto? Que ésta red pone a cada usuario en una situación en la que son como famosos que comparten sus cosas y que se creen más arriba del pueblo llano, que impide a éstos usar sus "obras" con o sin su permiso (en la línea de gente como Alejandro Sanz o Taylor Swift, mira tú por dónde) y del que sólo quiere sus alabanzas y sus "me gustas" para alimentar su empobrecido ego al darles mierda envuelta en filtros bonitos. No obstante, también nos pone en el papel de acosadores, al poder ver (y mucho más explicitamente que en FaceBook) a qué cosas le dan "me gusta" aquellos a los que seguimos. Vamos, ésta maldita aplicación es el equivalente informático de la prensa del corazón.
El otro motivo principal que tengo es el diseño y la funcionalidad. No sé cómo describirlo de una manera precisa, pero voy a intentarlo. Ésta red es cómo los hipsters: parece que se ven bonitos y diferentes por fuera, pero de nada que compartes unas palabras con ellos ves que ni son tan distintos, ni tan bonitos y, a la postre, no funcionan demasiado bien. Intentan aparentar ser más de lo que son, parece que saben más de todo pero es pura fachada y a la mínima se quedan locos, tratando de buscar la mejor forma de quedar bien (cosa que nunca consiguen). En mi breve experiencia allí dentro, mi móvil llegó a trabarse de mil y una forma diferentes, todas ellas por culpa de la aplicación. Algunas veces no podía acceder a todas las características de la red porque a la app no le salía de los bytes. Es una de las redes que no sólo ha sufrido lo que yo llamo el Efecto Facebook o Efecto 2010 (trataré de explicarlo en otra entrada, pero básicamente es una hipsterización del diseño que dificulta las cosas más que facilitarlas), sino que se enorgullece de ello y prácticamente lo hace suyo. Como peludo que soy, soy de aquellos que está en contra de lo que muchos llaman "el triunfo del estilo sobre la sustancia" y ésta red es un claro ejemplo de ello. Quiero funcionalidad, no florituras baratas. Y éste problema no es único de Instagram, pero es el que me toca más las bolas debido a su popularidad y sobrevaloración por parte de las masas actuales.
Sí, así es. La odié antes, la odié durante y la odio después de haber estado ahí dentro. Podría resumir todo lo dicho en ésta entrada en lo siguiente: Basura hipster mal programada. Si hay alguno entre mis lectores asiduos que esté pensando en hacerse una cuenta, le aviso desde ya que perderás menos el tiempo tocándote una paja (o haciéndote un dedo) mientras lloras enfrente del espejo al contemplar lo triste que es la vida. Es patético, pero al menos no lo será tanto como todo lo que hallarás ahí dentro y, además, será mucho más sincero. Ahora que me paro a pensar, entiendo por qué Miércoles está allí dentro. Allí tiene toda la admiración (falsa, por supuesto) y amistades (¿hace falta que ponga otro paréntesis aclaratorio?) que fuera no tendrá porque ella misma se encarga de minarlos. Y yo no estoy ahí por todo lo contrario. No pretendas encerrar a Forelli en ese mundo. No sólo se reirá de tí desde dentro, sino que te apalizará por fuera. Que me haya vuelto más pacífico no quiere decir que no me cague en la puta madre de quien se lo merezca. Y tú, Instagram, te mereces una gran cagada en la boca.
PD: Para esos pocos acólitos de Miércoles, les comento que me la suda enormemente que estén aquí para correr y chivarse. A ella se la sudará mares y a mí también. Mío es el dicho de "Quien se pica, ajos come" y es por ello que si ustedes por un casual se han escandalizado es porque no he dicho otra cosa que no sea la verdad. Nunca me he callado por gente como ustedes y no voy a comenzar ahora.
domingo, 11 de octubre de 2015
La Crítica del Mes (Octubre 2015): Palabras traperas
Si es usted habitante de Gáldar o Santa María de Guía o no es de allí pero pasa bastante tiempo por esos lares, ésto que le voy a contar no le será desconocido. Hablo ni más ni menos de la manía que tiene cierta parte de la población de éstos lugares (y de todo el mundo, no nos engañemos) de hablar o, mejor dicho, criticar a otras personas a sus espaldas y muchas veces sin conocerles siquiera. Y no sólo eso, sino que los rumores se extienden como una enfermedad venérea sin control de ningún tipo. Parece ser que el boca a boca es un acto tan cotidiano como puede ser comer, dormir o mesarse la barba. Citando al Kuso, gran amigo mío, éste fenómeno se puede resumir en una sola frase: "Si tú te tiras un pedo en la esquina más remota, lo sabrá toda Guía en menos de una hora... Y para colmo te mirarán mal". Ya ésta actitud per sé es más que reprochable y no necesita de mayor profundidad en su análisis. Pero yo hoy quiero hablar largo y tendido de ésto. ¿Por qué? Porque me parece de lo más feo, intrusivo y desconsiderado que una persona puede hacerle a otra.
Primero, porque lo que haga y deje de hacer otra persona no es asunto más que suyo y las otras personas que estén involucradas en ello. Por tanto, ¿a asunto de qué tiene que enterarse todo el maldito barrio? De hecho, éste tipo de personas luego suelen quejarse de que la gente es chismosa y no deja vivir a los demás, a lo que yo digo: Señor o señora, no se queje. Básicamente porque usted es parte de la cadena de miseria y pobreza emocional que supone éste acto. Probablemente también se escude en dichos como "no hagas lo que no quieres que te hagan a tí". Dichos que no sólo pienso que conllevan una represión retroactiva, sino que éstos individuos no cumplen ni a la de tres. No suelo usar ésta palabra muy a menudo, pero eso es hipocresía en estado puro. Lástima que un oficio tan bello como el de ser actor en el teatro de la Antigua Grecia de nombre a uno de los muchos tumores infectos y lleno de pús que pudren éste mundo. A todo ésto, vuelvo a preguntar: ¿Qué les interesa la vida de los demás? ¿La de ustedes está tan vacía que tienen que hacer de la de los demás su telenovela particular? ¿Se sienten tan insignificantes y vacios que tienen la imperiosa necesidad de ejercer ese maligno y corrosivo poder? ¿O es algo que se lleva en los genes? Explíquenme, porque mi tocada pero extrañamente sana cabecita no entiende siquiera el motivo que impulsa a ésta gente a relegarse a ser una cámara con retinas.
Luego, ésta práctica suele hacerle la vida imposible a aquellos sujetos de los que otros se dedican a esparcir los entresijos de su vida. En la mayoría de veces porque éstas personas, ya sea por el efecto teléfono o por su escasa capacidad de comprensión de los hechos, tergiversa los hechos que ha presenciado al contarlo a otras personas. Luego, éstas personas enrevesan aún más los hechos cuando se los cuentan a otras, y así hasta hacer una montaña de un minúsculo grano de arena. Si por algún motivo andan ustedes espesos y no han entendido lo que quiero decir, se lo explico con un ejemplo: imaginen que estoy de fiesta con una persona que es amiga mía y tiene pareja. Al tener cierta confianza, pues ambos nos gastamos bromas y eso. Una de éstas personas ve una de éstas situaciones y empieza a contar que estuvimos muy cariñosos. De ahí, otros dicen que estamos enrollados y así hasta que probablemente el novio de mi amiga se enfade y vaya a plantarme la mosca. ¿Y todo por qué? Porque un entrometido que no tiene ni puta idea habló de lo que ni sabía ni le competía. Y la verdad es que eso es lamentable. Miles y miles de años de evolución y progreso tecnológico, filosófico y social para que nos comportemos como en la maldita Edad Media. Ya nos vale.
Por último, siempre he considerado que hablar y criticar por la espalda es una fealdad nivel Sardina. Quizás sea por mi forma de ser, o por la educación que recibí, o por reflexiones posteriores que me he hecho ya siendo adulto, pero mi lógica es que si tengo un problema, lo hablo con aquél que lo tiene conmigo, no guiarme por lo que puedan decir otras bocas. Aunque tengan la mejor intención del mundo (que se lo agradezco de ser así), prefiero no "fiarme" de terceras personas e ir directo al grano. Ya si la otra persona quiere hablar o no queda a su elección, pero no será por no haberlo intentado. Una cosa que he aprendido en la vida es que hablando se entiende la gente, y que no hay nada como sentarse a dialogar para que fluyan las buenas vibraciones. Y nada voy a solucionar hablándolo con otros. Y dios me libre de recurrir a algo tan rastrero como difamar a alguien a través de habladurías. Dios me libre siquiera de malgastar un segundo de mi vida haciendo el mal a nadie, aunque piense que se lo merezca. La vida no es un maldito libro de Canción de Hielo y Fuego, a ver si queda claro. Guardemos los puñales y ofrezcamos la mano. Tiremos el veneno y ofrezcamos agua pura y cristalina.
Poco más puedo añadir al respecto. Sólo puedo aconsejar a mis lectores que tengan cuidado con las gente de la que se rodea, pues el menos sospechado podría estar filtrando información como si fuera aquello un Wikileaks edición Noroeste. Lo digo porque lo he vivido y recientemente. No digo que no hablen con éste tipo de personas, no siempre tienen por qué ser unos monstruos sin alma, pero si es preciso tener cuidado y pararles los pies si se están pasando de la raya. Y huye si te dice que tiene familia en el ayuntamiento. Bueno, ahora en serio. Dejémonos de palabras traperas, ¿vale? Demostremos que somos mejores que eso.
sábado, 12 de septiembre de 2015
La Crítica del Mes (Septiembre 2015): Quitémonos los cencerros
Hay algo que me inquieta, que me indigna, que me cabrea. La sociedad en la que vivimos está preocupada... Bueno, más que preocupada, OBSESIONADA por que todo el mundo luzca, vista y se comporte del mismo modo que ellos. Y no hablo ya de su opinión, que eso es cosa de ellos y por tanto no me incumbe. Hablo de que están continuamente detrás de uno, martilleando a la mente ajena día tras día, cada vez que pueden, para que cambie aquello con lo que no está de acuerdo. Es muy probable que muchos de ustedes hayan sufrido de éste problema o, por el contrario, sean parte del mismo. A los primeros: no están solos. Un gran numero de personas sufrimos éste acoso continuo por parte de compañeros de estudios, de trabajo, de amigos de nuestra familia e incluso de la propia familia en sí y no puedo hablar por todos, pero creo que muchos estamos hasta los huevos. A los últimos: MÉTANSE EN SUS PUTAS VIDAS. Así de sencillo, así de claro, así de directo. Estoy harto de la gente como ustedes. Harto de que crean que sólo lo suyo es lo correcto y que yo (por poner un ejemplo) soy una especie de oveja descarriada a la que hay que azotar en la retaguardia continuamente para que vuelva al redil.
Si se han sentido ofendidos, genial. Hay un dicho que para mí resulta ser muy acertado, y es el siguiente: "Quien se pica, ajos come". ¿Qué quiere decir eso? Que la conciencia les reconcome porque saben que lo que hacen está mal. Que saben que la contesta que merecen las bromas de "Hay café... cafeitarse" es "Hay que ir... Irse a tomar por culo". Que en el fondo no les sorprendería que tras cientos de "Córtate el pelo, que así estás feo", recibieran una hostia al grito de "Cómete ésta hostia, que así estas más guapa". Que cuando varios compañeros de clase se rapan y miran hacia el peludo de la clase y dicen "Ahora te toca a tí", lo que están deseando es que eso mismo se los diga un hombre a punto de ensartarles analmente al punto de que, cuando acabe, te quedes pegada a su miembro viril y parezcas un polo de chocolate humano. Y podría estar así toda la entrada, cagándome intensamente en sus muelas, pero tienen suerte de que sea una persona que cree que hablando se entiende la gente. No obstante, no se piensen que voy a endulzar mis palabras (esa es otra lección que deben aprender, pero entiendo que siendo borregos siguiendo el liderazgo del qué dirán y de las convenciones sociales sólo pueden asimilar las hostias de una en una, así que ese asunto lo dejaré para otra entrada).
Vamos a ver: ¿qué cojones les importa a ustedes que yo tenga pelo largo y barba, que mis amigos sean peludos "como yo", que una persona lleve orejas de gato, que otra vaya con un vestido hecho de carne a recoger un premio...? Esas personas son las únicas que deciden sobre sí mismas, las que definen su todo, y ustedes no tienen ningún derecho a censurarlas o minar su autoestima de ninguna de las maneras. ¿Que ustedes quieren ser buenos corderitos y ajustarse a los cánones que la sociedad impone arbitrariamente? Perfecto, pero respeta a los que creemos que esa mierda no es para nosotros. El trato es: ustedes nos dejan vivir y nosotros haremos lo propio. Respeto mutuo. Y si no, no te extrañe que un día te lleves una hostia. ¿Quedaremos como los malos? Probablemente, pero eso (a mí, al menos) no me parará. Porque ya está bien, que una cosa es tener una opinión y otra cosa es acosar y machacar al diferente. Que dais asco, dolor de cabeza y cáncer de huevos. Métanselo ya en la cabeza, cambien el chip y así se ahorran los problemas.
Pues bien, creo que ha quedado clara mi opinión y mi crítica a esa clase de gente. Ya es hora de que crezcamos y aprendamos a respetar. Dejemos de seguir al rebaño, quitémonos los cencerros y aprendamos a ser personas en vez de ovejas. No es tan difícil. Aunque bueno, si insistes en seguir comiendo hierba, luego no te quejes si te comes una mierda accidentalmente.
jueves, 13 de agosto de 2015
La Crítica del Mes (Agosto 2015): El Contrato Social, un buen papel higiénico
Somos más de siete mil millones de personas los que habitamos éste, nuestro planeta. ¿Qué tenemos todos y cada uno de nosotros en común, más allá de el hecho de pertenecer a la raza del Homo Sapiens Sapiens, en el blanco de los ojos y en la raja del culo? Que vivimos en sociedad. Compartimos el mismo espacio con nuestra familia, nuestros amigos, nuestros vecinos y demás personas, sean éstas queridas por nosotros o no. En la sociedad hay reglas que (dicen) son necesarias para poder llevar una buena convivencia. ¿Quién ha dictado, sin embargo, dichas reglas? ¿A quién benefician realmente? Muchos filósofos se han hecho éstas y otras muchas preguntas sobre éste tema. Thomas Hobbes, un absolutista inglés del siglo XVII, defendía en su obra El Leviatán que el Contrato Social es lo único que evita que nos matemos entre nosotros y más detalles que se pueden recoger en su famosa frase, "el hombre es un lobo para el hombre". Por el contrario, Jean-Jacques Rousseau, contemporáneo de la era de la Ilustración y por tanto de gente como Voltaire o Montesquieu, argumentaba que el hombre es bueno por naturaleza y que son tanto la cultura como el Contrato Social los que nos hacen malvados. Parece que está de moda pensar como el primero y eso es algo que me preocupa profundamente. En ésta Crítica, me gustaría explicar mi punto de vista al respecto y por qué.
Empecemos con las tradiciones y costumbres de cada pueblo. ¿Quién las establece y por qué debería estar siquiera obligado a seguirlas? Y aún diría más, ¿por qué la gente las sigue ciegamente, sin siquiera plantearse de dónde viene o siquiera lo que ello pueda significar? Pongamos un ejemplo: en China hay que rechazar las ofertas o los regalos que te hagan a menos que el que te lo ofrece te insista para que lo cojas. ¿Por qué? Yo cojo las cosas cuando se me dan u ofrecen, pues debería estar implícito el deseo de la otra persona al hacerme la oferta o regalo de que yo lo coja. ¿Soy peor persona por ello? Para los chinos sí. Y todo por algo que no se sabe ni de dónde viene y que reprime nuestros verdaderos deseos. Y así con todo. ¿Por qué tengo que hacer eso o cualquier otra cosa que no siento? ¿Para contentar al resto del mundo? ¿Para mostrar que soy una persona educada? ¿Por el simple hecho de que estamos dentro de un juego en el que todos tenemos que jugar bajo las mismas reglas? Teniendo en cuenta toda nuestra historia, ¿no sería mejor actuar en conjunto buscando un bien común, desechando los ya obsoletos valores y rituales que venimos arrastrando como un siamés con su hermano muerto? Yo pienso que es posible, pero que no estamos preparados aún por culpa de los milenios de demonización del hombre y la insistencia en la "necesidad" de un Contrato Social.
Muchos argumentarán que el ser humano es malvado por naturaleza y actúa por impulsos que deben ser reprimidos. Últimamente, he observado que éste tipo de observaciones son emitidas muchas veces por las mismas personas que le meten mano en el paquete al compañero de clase con el que nunca habla. ¿Entienden lo que quiero decir? Se reprimen continuamente, no son ellos mismos, viven bajo el miedo que una creencia como la de Hobbes implica. No quiero decir con ésto que vayamos matándonos por ahí sólo porque se nos ocurra, simplemente que avancemos en una dirección tal que ése tipo de impulsos no existan mediante el uso del sentido común. ¿Qué satisfacción hay en matar a otra persona así como así, por ejemplo? ¿Llevaría a algún lado humillar a otra persona? Algunos podrían resumir lo que estoy diciendo con "No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan". Eso implicaría que debemos ser buenos para que no nos pasen cosas malas, y es un error. Yo usaría más bien la frase "Haz el bien y no mires a quién". Dejémonos de gilipolleces, que ser amable no cuesta nada y nos hace sentir mejor con nosotros mismos y los demás.
Resumiendo, estimados lectores: lo que somos y como somos empieza enteramente por uno mismo, por lo individual. Si cada uno cambia el chip y da lo mejor de sí mismo, se notará. Seremos más productivos, más felices, más humanos y demostraremos que podemos actuar sin necesidad de actuar bajo reglas injustas, arcaicas y contraproducentes. Limpiémonos el culo con el Contrato Social, dejemos atrás nuestra mierda y avancemos hacia la adultez del ser humano. Ya es hora de dejar de temerle al Coco, a Dios o al Mosso D'Esquadra. Ya es hora de ser humano.
lunes, 27 de julio de 2015
La Crítica del Mes (Julio 2015): ¿Diversidad? Mejor llámalo racismo
Éste es un tema que, si bien no es para nada nuevo, es en éstos años en los que vivimos cuando está resultando mucho más evidente y molesto. Es ya conocido por todos que ésta es la era de los superhéroes fuera de su medio habitual. Es decir, que hoy día venden muchísimo más películas y series basadas en cómics que los propios cómics en sí hasta tal punto que son los productos audiovisuales los que condicionan a los cómics y no al revés, como debería ser. Sin embargo, hoy les escribo éstas líneas para denunciar otro aspecto tanto de éste tipo de películas y series como otras basadas en otros medios. A ver, señores de Hollywood, ¿por qué esa manía de encasquetar a gente negra para papeles en los que claramente es totalmente incoherente que los interprete gente blanca?
Nota: Antes de que la comunidad de Internet empiece a poner el grito en el cielo y empiecen a despellejarme a base de decir que soy racista o cualquier pollada de ésas: No estoy diciendo que esté en contra de que hayan personajes negros en las películas, ni que son peores actores que los blancos ni nada que sus imaginaciones calenturientas y ávidas de corrección política puedan engendrar. Dicho ésto, empiezo a explicar mis razones para no apoyar semejante estratagema de márketing barato.
En serio, ¿qué razón de ser tiene? Estoy de acuerdo en que hay buenos actores negros como Idris Elba o Will Smith, pero eso no justifica el hecho de que cambien el género de un personaje porque sí. Además, ésto hace que todo el tema de lo políticamente correcto me toque los cojones. Alguno me saltará con "así los integramos" o cualquier mierda que intenta sonar bonito pero que encierra más racismo que los cánticos de odio del Ku Klux Klan. ¿Saben el nombre que éste tipo de movimientos o acciones recibe? Discriminación positiva. Puede que les suene bonito, es el efecto que se intenta conseguir normalmente con los eufemismos, pero sigue siendo RACISMO puro y duro. Y se preguntarán que por qué soy tan duro con éstos actores, que sólo intentan ganarse la vida con su trabajo. No los culpo a ellos, no tienen obligación de rechazar un papel para contentar a los fans de un medio que no es el suyo. Culpo a las productoras y demás cucarachas del sector audiovisual de querer dar una imagen que no tienen y que no saben dar. Ellos no ponen a un actor negro en el papel de un blanco porque piensen que es mejor actor, o porque eso vaya a darle un nuevo matiz a la historia, no. Lo hacen para llamar la atención, para recibir atención de los medios, para poder decirse a ellos mismos "hemos contratado a un negrito, qué moderno y cosmopolita soy". Les importa una mierda que el actor lo haga bien y lo saben. Lo saben muy bien.
Además, ésos cambios no tienen sentido alguno. ¿O alguien va a pretender explicarme a mí, que sé de éstos temas, que da igual que Heimdall, dios nórdico allí donde los haya, y la Antorcha Humana, un neoyorquino venido de una familia americana con fuertes raíces episcopalianas (y que eso es en parte lo que hace al personaje ser cómo es), sean negros en las películas porque "la raza no importa"? Y no se piensen que es porque conviertan a personajes en negros, no se equivoquen. Me jodería también que Pantera Negra, un personaje africano y, por tanto, negro, fuera blanco en las películas o que Lobezno fuera peruano en nombre de la diversidad. Estoy de acuerdo en que hay que diferenciar, que las películas no pueden ser igual que los cómics, que son públicos diferentes, pero hay cosas que no puedes cambiar de un personaje. No porque sea intocable, no porque lo diga yo, sino por lógica y por cómo está construido un personaje. ¿Se imaginan lo que pasaría si yo hiciese un cómic sobre la película 12 Años de Esclavitud y sólo porque me sale de mi gordo y peludo pollote pongo a los esclavos blancos y a los malos los pongo negros? ¿Que la peli no tendría ningún sentido, verdad? ¿Que me llamarían de todo por atreverme a hacer semejante abominación y que la historia no tiene ni pies ni cabeza? Pues eso es lo que siento cada vez que una película cae en la modita de cambiar de raza o de género a un personaje.
Señores productores, dejen de buscar el golpe de efecto fácil. Si de verdad les interesa reflejar diversidad en sus películas, creen a personajes nuevos. En el caso de las películas y series superheróicas, tienen muchos personajes negros donde elegir: Luke Cage, Relámpago Negro, John Stewart, Capitán Marvel II, Cyborg, Mancha Solar, Bishop, Tormenta, Capa... Y esos por citar a algunos de los que conozco, seguro que hay más. Háganse un favor y corten ya con ésta mierda. Lo único que hace es dejarles con el culo al aire. Ustedes no tienen ni puta idea de lo que es la diversidad. Bueno, sí: La diversidad de los billetes de 1, 2, 5, 10, 20, 50 y 100 dólares. Una pena que por unos papelitos desvelen su verdadera naturaleza: el odio al diferente.
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jueves, 11 de junio de 2015
La Crítica del Mes (Junio 2015): La puta PAU de la polla
Desde que estoy en la universidad, las cosas del instituto me han parecido poco más que un juego de niños. Vale, hace poco menos de dos años yo estaba allí, no debería estar dándomelas de viejo. Seamos sinceros, no obstante: la ESO es un paseo y Bachiller tampoco es un campo de minas que digamos. Hablo desde mi punto de vista, tuve la suerte de estudiar lo que más me gustaba y, por tanto, se me daba (ésta no es una entrada para discutir gilipolleces de ciencias contra letras, así que no alimentaré más al monstruo). No obstante, había algo que me parecía una soberana gilipollez incluso estando yo en el instituto, siendo un niño de 16 ó 17 años. Estaba por entonces en 2º de Bachiller, el último curso que se interponía entre la Universidad y yo. No habíamos pisado siquiera la clase el primer día de Septiembre y el dichoso término apareció: "PAU". Desde entonces, el bombardeo del que éramos víctimas a diario era, cuanto menos, molesto. Había PAU en los libros, en los folios, en las mesas. Había PAU en los baños, en el patio, en la cafetería. Cuando mordíamos nuestro bocadillo en el descanso, la mordida no sonaba a ¡ÑAM!, sonaba a ¡PAU!. Cuando un lápiz o un bolígrafo se caía al suelo, no se oía ¡CLING!, se oia ¡PAU!. Cuando un alumno se tiraba un pedo no sonaba PRRTZ, sonaba PAAAU. Tal fue la paliza que nos pegaron con el dichoso término de los cojones.
Para aquellos que hayan estado viviendo en una cueva o que fueran tan catetos para no pasar de la ESO, les comentaré que PAU no es la chica que vive dos calles más abajo, amiga de la Jenni y que se zumbó al Richard en la Rama de Agaete. PAU son las siglas de Prueba de Acceso a la Universidad, y no es más que una serie de exámenes a los que se someten los estudiantes de Bachiller que desean estudiar una carrera en cualquier Universidad del territorio español. La media de los resultados de éstas pruebas junto con la media de las notas finales de Bachiller dan como resultado las llamadas Notas de Corte y es la que delimita el acceso que tiene un alumno a las carreras que oferten las Universidades. A más alta la nota de corte, más carreras tendrá el alumno para elegir. Y si no te ha quedado claro con ésta breve explicación, te lo resumo en pocas palabras: un puto examen de mierda que para hacerlo tienes que pagar 80 euros y que no sólo es lo mismo que has dado durante todo el puto curso, sino que de él depende si entras a la carrera de tus sueños o no. ¿Les ha quedado claro ahora? ¿Sí? Genial, ahora seguimos adelante.
Muchas personas sufren ante la llegada de éste exámen. Durante todo el año se les hostiga con el tema hasta que su seguridad en sí mismos desaparece como ése tipo que te pide dinero prestado para hacerse una operación de cirugía estética. Y no es que sean personas que no estudian, nada más lejos de la realidad. Los que más sufren de éste fenómeno son aquellas personas estudiosas que se esfuerzan día a día para aprobar. Ante ésto digo: ¿De verdad es necesario, señores profesores? Una cosa es preparar a alguien y otra atosigarlo. Además, tanta insistencia no es necesaria si la preparación se lleva bien. Y no es porque a mí me dé la gana decirlo así, es que los exámenes de PAU son exactamente IGUALES que los que se hacen en clase. Ni más difíciles ni mas fáciles. Iguales. Cuando hice éstas pruebas hace ya dos años, lo que me encontré frente a mí cuando me pusieron la hoja frente a mí era exactamente lo mismo que dí en clase. No hay motivo, pues, por el que ponerse nervioso y mucho menos por el que joderle el año a los pobres chiquillos. Aunque bueno, ésto podría cambiar si las universidades se acogen a esa nueva medida de la LOMCE por la que cada Universidad tendrá su propia prueba de acceso en vez de hacerse de forma general...
Y eso me lleva a otro tema que me parece ridículo del examencito de las narices. ¿80 euros? ¿Por hacer cinco o siete exámenes de mierda que he estado haciendo durante todo el curso? Manda huevos, se supone que es un maldito servicio público. ¿No les parece suficiente que tengamos que gastarnos luego 800 euros anuales (si no más) en matrículas universitarias, tienen que empezar a pegarnos puñaladas al bolsillo desde tan temprano? Ah, claro, me olvidaba de que estamos gobernados por viejos fósiles de la era Francásica que buscan que sólo aquellos de su especie (es decir, aquellos con poder adquisitivo) tengan acceso a una educación a la que, además, está empezando a vérsele el rejo. Ya no interesa formar a personas que razonen por cuenta propia y marquen su propio camino. ¿Pero qué digo? Si eso nunca ha interesado. Ay, sistema, con cuánta buena gana te partiría la puta boca...
Bueno, chiquillos, un resumen de todo lo expuesto aqui sería que PAU es un puto examen de mierda que debería ser gratuito y al que no hay que tenerle miedo bajo ningún concepto. Como siempre digo, es un simple trozo de papel que debería tenerte miedo él a tí porque tú eres mas grande (a no ser que midas menos de 30 centímetros de alto, entonces me callo). Seguro que ya habrán visto que no fue para tanto, ¿verdad? Pues quiero que transmitan éste mensaje a las generaciones venideras. Acabemos de una vez con ésta mierda. Fuera el miedo, fuera los nervios. El mundo sigue, apruebes PAU o no. La vida no se acaba ahí. Es sólo un medio más por el que llegar a tu sueño, pero no el único. Que no te amargue nadie, y menos la burocracia de ésta mierda de país.
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lunes, 18 de mayo de 2015
La Crítica del Mes (Mayo 2015): Hipócritas sonrientes en cada farola
El tiempo vuela más que corre y han pasado ya cuatro años. Parece mentira que Mayo del 2011 quede ahora tan lejos. No sé qué estarían haciendo ustedes por aquél entonces, pero yo estaba terminando la ESO y ahora estoy acabando el segundo año de carrera. Sin embargo, no vengo a hablarles de tiempos pretéritos, sino de algo que tienen en común el 2011 y el 2015. ¿Ser ambos años pertenecientes a la década de los 2010? No. ¿Qué ambos están resultando dejar huella en mi vida? Tampoco. Lo que hacen semejantes a ambas fechas es que las calles se llenan de cartelitos de mierda con cientos de caras que intentan ser diferentes pero terminan siendo la misma mierda, encerrando la misma hipocresía, emitiendo el mismo mensaje burdo y desleal. Hablo, efectivamente, de que tanto en una fecha como en otra transcurrieron Elecciones Autonómicas en éste, nuestro país.
Para los posibles lectores que puedan proceder de distintas partes del mundo, les explico cómo va el asunto de forma breve y concisa: cada cuatro años todos los municipios, provincias y autonomías deciden cuál será el partido político que se descojone en sus caras y se dedique a vivir a costa de los impuestos de los contribuyentes durante otros cuatro años. Y para publicitarse en aras de que el pueblo llano les dé ese sobresueldo con el que tanto sueñan los politicuchos de turno que no pueden (ni quieren en muchos casos) aspirar a más, cada partido prepara cientos y cientos de carteles con las caras y los nombres de sus cabezas de lista y los pegan en guaguas, vallas publicitarias, tablones de anuncios, farolas y todo tipo de mobiliario urbano que sus cabezas puedan concebir. No hablemos ya de lo que piense de la política ni de las ideologías de cada cual. ¿Nadie se ha parado a pensar en la contaminación visual que ésta práctica supone? Es prácticamente imposible pasear por la calle sin encontrarte la cara de al menos dos o tres candidatos, muchas veces del mismo partido político. Y lo peor es que da igual de qué color sea el cartel, todos son iguales: trajeados, mirada al frente, una falsa sonrisa enseñando los dientes... Todo para bombardear los subconscientes de la gente con las imágenes de éstos advenedizos con la intención de rebañar el voto del colectivo. Y la verdad... Uno está cansado ya.
Cansado de que miles de árboles tengan que morir para que éstos individuos e individuas alimenten de atención su necesitado ego poniendo sus caras hasta en las tapas de las alcantarillas. Cansado de que las calles parezcan un producto de las pesadillas de una persona acosada o de las páginas de la famosa novela de George Orwell 1984. Cansado de que al final todo ese dinero público gastado, ese papel derrochado y esos medios consumidos sean tirados por la borda según finaliza el escrutinio y se sabe quién es el partido ganador (o partidos, ya que los partidos también pueden hacer pactos y lamerse el culo mutuamente para llegar al poder. ¿Y lo que eligió la mayoría? Mira por dónde, la democracia se pasa su principio básico por los huevos). ¿Saben por qué? Porque al final de todo, votemos lo que votemos, da igual el que gane, pues todos nosotros, el pueblo, perdemos. Perdemos dinero, perdemos tiempo y perdemos la esperanza. Y ése es el objetivo del sistema realmente, que perdamos ésas tres cosas tan valiosas que hacen de nuestra vida la cosa más bonita del mundo en favor de sus beneficios. Pero ese es tema de otra entrada.
Resumiendo en pocas palabras: contaminación, hipocresía y deslealtad. ¿No son acaso suficiente motivo para detestar las campañas electorales? Para mi sí, aunque no son los únicos. Y ojalá todos los papeles y cartones gastados se los metan todos los partidos políticos por el culo sin aviso y sin su consentimiento una vez acaben las elecciones para que sientan lo que hemos sentido nosotros este último mes y aprendan lo que es la empatía. ¿Que tienes un desgarro? TE JODES. Así aprendes a no joder con los subconscientes de la gente. Gánense a la gente con hechos y no con sugestiones, cobardes mentecatos. Además, ¿para qué están las nuevas tecnologías? Si es que además son unos jodidos retrógrados... En fin, que en su conciencia queda, pero yo voy a seguir cagándome en sus putas madres hasta que Joshy Pig y el resto de cerdos del mundo vuelen.
jueves, 23 de abril de 2015
La Crítica del Mes (Abril 2015): Personas buenas con parejas inmerecidas
El amor, ese conjunto de sentimientos y reacciones químicas que ocurren en nuestros cerebros y hacen que veamos a un simple mortal como la luz que ilumina nuestros caminos. Cada persona ve ésto como un concepto totalmente diferente: Unos, siguiendo los nefastos ejemplos de Cómo Conocí A Vuestra Madre, creen que es indispensable para vivir o que es una mariconada; otros lo ven como si fueran Gustavo Adolfo Bécquer y se pasan la vida persiguiendo a una persona determinada con todas sus fuerzas sin saber que éso les aleja más y más. Hay muchos ejemplos, y no tengo tiempo ni ganas de enumerarlos todos. ¿Que si estoy aquí para dar lecciones de lo que es el amor para mí y que todos tienen que seguir mi estela? Nada más lejos de la realidad. Algún día hablaré largo y tendido de mi visión actual del amor, pero hoy quiero centrarme en otro asunto...
Resulta que hay gente buena en el mundo. Sí, en serio. Sé que suena bastante raro y que cada vez tiene más éxito entre la gente ver a la humanidad como una panda de ratas asquerosas que no dudarían en apuñalar a su abuela con tal de conseguir lo que desean, pero aún hay personas buenas. El corazón, ése hijo de perra que muchas veces manda más en nosotros que nuestro propio cerebro, hace que éstas buenas personas terminen con gente que, por decirlo de la manera más suave posible, no es tan buena como ellas. De hecho, son unos considerables cabrones. ¿Cómo es ésto posible? La vida, que da muchas vueltas, ya saben. Y el enamorarse a alguien, que a veces hace que nos tiremos de cabeza a un barranco por alguien que no trataría siquiera de convencernos para que no lo hagamos. He sido víctima de éste fenómeno por ambas partes, y ni se imaginan el coraje que da.
Como persona que ama a otra que está enamorada de alguien que no le llega ni a la suela de los zapatos, he de decir que ésta situación es una tremenda guarrada. Ir conociendo poco a poco datos que hacen que mi alma se estremezca de dolor, repugnancia y asco al saber que alguien tan zafio puede estar junto a alguien tan divino sin merecerlo. Amar a una persona significa apreciarla, sacar lo mejor de tí para sacar lo mejor de ella, tratarla como merece, dedicarle tiempo siempre que lo requiera... Y no pasar de ella por el fútbol, o no tener siquiera un detallito con ella cuando ella se ha desvivido por tí para darte algo que ya quisieran muchos. Sufro al saber que ésto es así y que yo realmente no significo mucho en ese sentido, ojalá pudiera hacer algo... Pero el amor es así de perro. Si ella le quiere, no me queda más que desearle la felicidad y apoyarla siempre. El tiempo corre, la vida pasa y las cosas pueden cambiar en el momento que menos lo esperemos.
Como persona que ama a alguien con quien he compartido ya una relación amorosa previa y que me hizo bastante daño, sé que éste tipo de situaciones son una puta mierda. Es una mierda amar a una persona que sabes que te va a hacer daño. Es una mierda que intentes sacarla de tu vida y que, por A o por B, siempre vuelva a ella. Es una tremenda mierda que tengas la esperanza de que las cosas serán distintas, de que no eres capaz de darle carpetazo cuando te pide perdón después de un tiempo sin saber nada de ella. Y, sobre todo, es una gordísima mierda ver que, a pesar de todo, la cosa sigue siendo igual. Te niegas a verlo, pero es así. Me siento como DareDevil con Elektra: se aman, son la pareja perfecta... Pero están destinados a lo contrario. Los dos sufren, quizás uno más que la otra. Y da mucha rabia cuando ésto pasa, cuando sabes con casi total certeza que, por los motivos que fueren, tu relación amorosa está destinada al más rotundo de los fracasos.
En definitiva, señores míos: El amor es algo jodido y no siempre trae la felicidad. No digo que sea ni lo mejor ni lo peor, pero... ¿Por qué el corazón es tan tonto? ¿Por qué la persona perfecta siempre o está con un basura o no es capaz de comprenderte? No sé si es que mi corazón está ciego y blindado o que el mundo tiene más clarividencia que yo, pero es algo que no me mola nada, y por eso se merecía que le hiciera una entrada. No sé qué opinarán ustedes, pero a mí éste tema me rompe el alma, el espíritu y las bolas. En fin, sólo queda hacer como Forelli ha hecho siempre: hacer del mundo un lugar mejor, con una sonrisa en la cara y con la intención de seguir creciendo día a día. Y así, algún día, el Karma verá si se pone de acuerdo de una vez...
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