Los estudios me tienen de aquí a allá de manera constante y repetitiva. Mi cerebro me juega malas pasadas. Mi corazón hace de las suyas. La obra casi me mata. Ya era hora de parar un poco... ¿No? Tengo sólo un par de pruebas pendientes antes de lanzarme al vacío de los exámenes de mayo-junio, así que puedo permitirme escribir un poco para ustedes en una entradilla. Éste año está probando ser uno de los más locos que haya vivido jamás. No hace nada que le estaba dando la bienvenida en una azotea de Gáldar desmadrado perdido y ya estamos en mayo. Cuatro meses que se han ido volando, cuatro meses en los que he experimentado de todo: amor, dolor, angustia, miedo, alegría, alivio, euforia... Y siento como que éste fin de semana ha sido el primer descanso real que he tenido en todo éste tiempo. Unos días en los que he podido salirme del mundo para mirarlo desde afuera. "Dios santo, qué locura", me digo. "Después de todo éste carrusel de emociones me resulta extraño estar tan estático y, también, solitario".
La obra de teatro... Madre mía. Ahora entiendo a Mari Carmen Sánchez, la mujer que me enseñó todo lo (poco) que sé sobre el mundo de la interpretación. Ser director es como ser padre: Te desvives por tu hijo, sufres lo que nunca has sufrido para sacarlo adelante, sacrificas incluso tu bienestar... Pero al final vale la pena. Por salir al escenario y ver cómo la gente disfruta. Espero volver a repetir algo así, pero en mi propia lengua. Al menos será más fácil de redactar... Y el amor... Ay, el amor. Tan volátil, tan arbitrario. No te maldigo, no, pero bien que te lo mereces de cuando en cuando. Puede que hoy mismo me dé el trabe y te dedique un poema. Sí, odio la poesía, pero puedo hacer una a mi estilo. Y si gusta bien y si no... Experimentar es la clave. El caso es que necesitaba parar un poco y lo he conseguido. Ojalá ésta recarga me haga llegar lejos...
Bienvenido seas, querido lector. Mientras que la vida y la gente no aportan más que ruido y problemas, aquí encontrarás un rincón donde pensar, meditar y reflexionar. Disfruta de tu estancia en mi pequeño reino.
Música, mi colega
domingo, 3 de mayo de 2015
sábado, 2 de mayo de 2015
The Voice Of Lyrics Nº 35: Libélula
Amor. ¿Es acaso tan importante el con quién lo compartamos? ¿Acaso es de la incumbencia de alguno lo que dos o más personas hagan dentro de una habitación cerrada, una casa abandonada o en medio de un bosque? ¿Y por qué tienen que ser personas de distintos sexos? Los sentimientos no entienden de género, credo, raza, religión o cualquier otra etiqueta artificial creada por el hombre.
Ahora mismo, dos buenos amigos míos están uniéndose en lo que creo que es el acto más bonito y placentero que dos individuos pueden hacer juntos y de mutuo acuerdo. Y siendo sinceros, me dan una envidia considerable. ¿Soy mala persona por ello? No creo, pues me estoy alegrando por esas dos maravillosas personas y no hago nada para impedirlo. El problema está cuando la persona que envidia quiere que todos nos rijamos bajo sus mismas normas. Normas impuestas por una secta mafiosa y una sociedad sin mente ni alma que oprimen a los que son felices bajo el subliminal lema de "Si nosotros no podemos ser felices, tú tampoco".
Ojalá pudiera yo tener algo así con la persona a la que quiero. La verdad, ahora me gustaría poder acariciar su pelo, sentir su piel junto a la mía, su cálido aliento... Pero no puedo tenerlo. No obstante, me siento feliz. Porque la gente a la que quiero es feliz disfrutando de sí mismas y de aquellos con los que quieren. Me da igual que les guste la carne, el pescado o las hamburguesas de falafel, sólo quier su felicidad. ¿Es tan difícil alegrarse por los demás? No, a no ser que la represión y el dogma te lo impidan. Y ni ellos ni yo estamos atrapados por ninguna. Lástima de aquellos que sí lo están...
Ahora mismo, dos buenos amigos míos están uniéndose en lo que creo que es el acto más bonito y placentero que dos individuos pueden hacer juntos y de mutuo acuerdo. Y siendo sinceros, me dan una envidia considerable. ¿Soy mala persona por ello? No creo, pues me estoy alegrando por esas dos maravillosas personas y no hago nada para impedirlo. El problema está cuando la persona que envidia quiere que todos nos rijamos bajo sus mismas normas. Normas impuestas por una secta mafiosa y una sociedad sin mente ni alma que oprimen a los que son felices bajo el subliminal lema de "Si nosotros no podemos ser felices, tú tampoco".
Ojalá pudiera yo tener algo así con la persona a la que quiero. La verdad, ahora me gustaría poder acariciar su pelo, sentir su piel junto a la mía, su cálido aliento... Pero no puedo tenerlo. No obstante, me siento feliz. Porque la gente a la que quiero es feliz disfrutando de sí mismas y de aquellos con los que quieren. Me da igual que les guste la carne, el pescado o las hamburguesas de falafel, sólo quier su felicidad. ¿Es tan difícil alegrarse por los demás? No, a no ser que la represión y el dogma te lo impidan. Y ni ellos ni yo estamos atrapados por ninguna. Lástima de aquellos que sí lo están...
Rizados cabellos, suave piel, ojos marrones.
Mi arcángel, mi musa, mi diosa.
Libélula...
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